Archipielago

EL DOLOR PSÍQUICO (Más allá de la cultura) by Giusy di Maio.

Traducción del texto Quirico Molina

From pexels by anna tarazevich

Aminah es una chica de 16 años de ascendencia norteafricana.

Tiene una mirada intensa, silenciosa y plena. Los ojos negros son tan oscuros que emulan la intensidad de la noche; esas noches en las que todo parece posible y puedes jugar a construir tu futuro… tus sueños… tus esperanzas.

 La muchacha sufre severas crisis de pánico; la ansiedad constante la mantiene tan alerta que la hace desvanecerse después de haberlo visto «todo negro». Aminah está en Italia con su familia, pero su padre  acaba de informarla de que, pronto tendrá que regresar a su país para casarse con el hombre que su familia ha encontrado para ella.

Aminah confiesa que tiene pensamientos suicidas porque no puede decirle ¡NO! al padre.

La cesión de la joven llegó a través de la neuropsiquiatra del Servicio Materno Infantil ya que se constató que la chica no padece epilepsia sino que su desmayo tiene una naturaleza puramente psicológica.

 Aminah ha pasado de una cultura a otra (así como la representación de  su Yo) que ahora se ve agredida. Este ataque es sentido como real, apremiante e ingestionable porque la propia estructura familiar de Aminah es ingestionable y apremiante.

La madre de la joven está ocupada en hacerse cargo de la numerosísima familia, olvidándose de alentar adecuadamente a la chica que ya está lista para ser esposa  y convertirse en un problema externo a su familia, «ahora le corresponde a ella tener hijos».

 Aminah no puede retirarse, diferenciarse, y se siente utilizada y maltratada por su propia identidad de la cual no tiene poder de decisión.

Aminah se siente presa del dolor, un sufrimiento tan fuerte que la hace sentir fragmentada —no contenida— casi a punto de derretirse y, de hecho, cae al suelo, cede a las tensiones del dolor y se desmaya.

La chica inicia su camino personal de apoyo psicológico; ahora puede ser acogida y sostenida en la «estancia».

La joven es colaboradora y está deseosa de expresarse; ahora puede caer (en el verdadero sentido de la palabra) porque en las entrevistas ha mencionado a menudo  desmayos o relajamientos excesivos, ya que en el presente, pueden ser aceptados y  reinterpretados.

Aminah se siente apoyada y aliviada, pide beber (este gesto concreto se refiere a algo simbólico; a la ayuda que ella necesita… el adulto servicial que ayuda al pequeño humano a dar los primeros pasos en el mundo).

La terapeuta se convierte así para Aminah en esa primera ayuda de la cual ella ha sentido profundamente la carencia durante la infancia; esa humanidad que responde a la necesidad del niño un momento antes de que él la pida.

Aminah —ahora— puede disponer de  su área personal de ilusión.

Las pesadillas que sufre la muchacha están llenas de un simbolismo tan real que hace partícipe a la terapeuta; cómplice hasta el punto de restablecer el área de ensueño como  un espacio reflejante que conduce (a la propia facultativa), a revivir sus experiencias personales infantiles con el objeto bueno y malo. *

 Aminah a lo largo de su trayectoria recupera la forma física y la actitud en el espacio.

Ya no  cae, no se rinde y ha logrado tener sus propios pensamientos a pesar de un padre profundamente castrador y un entorno familiar de privación.

 Los ojos de la chica siguen siendo muy negros, pero ahora intensos y vivos. Son ojos de los que surge toda la planificación que una mujer joven (actualmente de 20 años) puede permitirse.

Aminah imagina, crea y destruye con los  pensamientos, los sueños y la fantasía.

Estudia y tiene una relación con el hombre que ella siempre ha querido encontrar. Se imagina  como una madre amorosa y presente; ha descubierto que un cuerpo puede hacer muchas cosas.

Así como un cuerpo puede sentir dolor — cediendo— también puede sentir placer.

¡Y qué placer! sentir el placer…

                                                               * * *

* El niño se relaciona con el medio a partir de las sensaciones e impulsos que siente y proyecta sobre los objetos. Cuando sabe que el objeto calmará algún tipo de necesidad (objeto bueno), está tranquilo. Cuando el objeto no está, desaparece la calma, sustituida por ansiedad o pánico (objeto malo). La referencia aquí es  la teoría de Melanie Klein que argumentó que el recién nacido se relaciona con el pecho materno mirándolo alternativamente como un objeto bueno (el pecho que dispensa calor y nutrición) y un objeto malo (el pecho que no está allí, que no ofrece alimento.

 

“Lo que mal empieza, bien acaba”.

Doctora. Giusy Di Maio

Blog personal: https://ilpensierononlineare.com/

 

4 respuestas »

    • Quirico Molina ha compreso lo spirito di Masticadores, con il suo compito di tradurre Giusy ha dato vita ai vostri testi in altre lingue e lettori (Grazie Q. Molina!). Da parte mia, grazie per quasi due anni pubblicandoti su masticadoresitalia (che dire!) Grazie due volte. Da buon bevitore di caffè, un giorno andrò al Napoli, o ci vedremo a Barcellona. saluti Juan recrivello

      Le gusta a 2 personas

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