narrativa

Un misterio de leyenda: en 1966 Billy Allen White desapareció en el Atlántico… o no

By Daniel Arjona Publicado en El Confidencial

El escritor Pedro Menchén publica tras años de investigación ‘Perdido en el Atlántico’ (Sloper), la increíble historia real de un personaje fascinante

El 5 de octubre de 2002, el escritor Pedro Menchén (Argamasilla de Alba, Ciudad Real, 1952) recibió un email de «un señor de Washington D.C.» que catalogaba libros en español en la Biblioteca del Congreso. Aquel tipo llamado David Allen White le contó que había leído dos novelas suyas por azar, le habían gustado «muchísimo», lamentaba que no estuvieran disponibles en inglés y se ofrecía él mismo a traducirlas. El escritor, halagado, le dio permiso para ponerse manos a la obra y, en el intercambio posterior de correos electrónicos, mientras discutían los pormenores de la traducción, nacía también entre los dos «una sólida y hermosa amistad». Un día, de forma casual, Menchén le preguntó por su padre Billy y el estadounidense le respondió a vuelta de correo: «Mi padre. Es una historia muy interesante. Se podría escribir una novela sobre su vida«.

Dicho y hecho, el español comenzó en 2003 a escribir una novela en el que mezclaba toda la información real que su interlocutor estadounidense le contaba sobre su padre y su extraña familia con otros elementos de ficción, pero un año después la abandonó. Aquello no parecía llegar a ningún sitio. Pasaron trece años, aquella historia no acababa de desalojar su cabeza y en 2018 Menchén la retomó cambiando radicalmente la perspectiva. Ahora solo mostraría los hechos verídicos, sin ficción, pero lo haría manteniendo la voz del narrador protagonista en primera persona, su amigo americano David Allen White que era, a fin de cuentas, quién le había contado todo lo que sabía sobre su padre y las dudas sobre su dramática desaparición. Y entonces se dio cuenta que aquello solo no le bastaba. Necesitaba seguir investigando por su cuenta. ¿Qué le pasó a aquel tipo? ¿Podría resolver aquel misterio de leyenda? ¿Quién fue en realidad Billy Allen White?

El resultado fue Perdido en el Atlántico (Sloper) y la historia en sus líneas generales dice así: en 1966 la avioneta Beeschcraft S-18 que pilotaba Billy Allen White desapareció en el Atlántico y fue dado por muerto. En su juventud, Billy, hijo de un humilde granjero de Texas, fue miembro de la Fuerza Aérea estadounidense, combatió en la Segunda Guerra Mundial, se casó, tuvo un hijo (nuestro ya conocido David Allen), se divorció, volvió a casarse, tuvo otros dos hijos más y se estableció en Liberia como sorprendente propietario de su propia línea aérea. Siempre fue un tipo de indudable encanto personal, que dejó una huella imborrable en todos aquellos que le conocieron y cuya desaparición y muerte no fue, tal vez por ello, aceptada por todos. Su propio hijo se sorprendió al comunicar a su madre y sus hermanastros sus propias dudas. Todos coincidían. Billy era un piloto experimentado, su accidente resultaba muy extraño y los pequeños detalles que iban a pareciendo sobre su «otra vida paralela» invitaban a todos ellos a preguntarse: ¿y si había simulado su muerte para iniciar una nueva vida bajo otra identidad?

Un accidente sospechoso

Según un informe emitido por la embajada de Estados Unidos en Monrovia después de los hechos, el Beechcraft de Billy partió de Gander (en la isla de Terranova, Canadá) a las 17.22 del 25 de noviembre de 1966. Al principio se unió en formación a otro avión, pero se perdieron de vista el uno al otro al atravesar una zona nubosa. Con todo, Billy siguió volando con normalidad casi siete horas hasta que, sobre las 24:00, comunicó que su consumo de combustible «parecía anormalmente alto». A la 1:21 Billy anunció que le quedaba combustible para dos horas y media, más que suficiente, pensaba para llegar al aeropuerto de Lajes, en la isla Terceira de las Azores, de la que les separaba apenas hora y media. Los problemas se acumulaban, sin embargo, sus sistemas de comunicación comenzaban a fallar y confesaba no saber con seguridad su posición. Justo después, a la 01:50 la señal del Beechcraft se debilitó. Y se hizo el silencio en el Atlántico.

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Un Beerchcraft similar al que pilotaba Billy cuando desapareció.

Menchén se pregunta, escéptico: «¿Cómo es posible que un avión nuevo, que había funcionado perfectamente durante casi siete horas seguidas, se encontrara de pronto con tales problemas? Si el consumo de combustible en el avión había sido normal desde que salió de Gander, a las 17:22, hasta las 24:00, ¿cómo es que de pronto se aceleró a un ritmo tan vertiginoso? A no ser que se produjera de pronto una fisura y se originara una fuga descontrolada a las 24:00, justo cuando Billy lo anunció. En cuanto a los otros problemas, tampoco parece que tengan mucho sentido. Billy parece que lo había planteado muy bien, pero su exceso de precaución le traicionó. Si tenía propósito de simular su caída en el Atlántico, le bastaba con argumentar la falta de combustible (como ya había hecho), alejarse en otra dirección hasta que se perdiera la señal de radio y hacer creer así que había caído al mar. La primera mentira era ya infalible, casi irrefutable. Las otras tres, sin embargo, en vez de confirmar la primera, la desmienten y, en último término, le delatan«.

Varios meses después de su supuesta muerte, un primo de Billy llamado Frank Johnson creyó verle de paso en una gasolinera en Aiken, Carolina del Sur. No es tan raro que familiares y amigos de fallecidos crean haberlos visto después de su muerte, pero otra serie de incidentes aún más extraños que el lector disfrutará en Perdidos en el Atlántico, alimentaron la hipótesis creciente de que nuestro hombre, implicado tal vez en actividades secretas para la CIA y creyendo estar en peligro, urdiera su propia desaparición. Al concluir la exposición de los hechos, Pedro Merchén alberga pocas dudas: «De un modo u otro, todos iban a salir ganando con su supuesta muerte. Y el que más iba a ganar era él mismo«.

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