Pero no caí. Me agarré a una cuerda vieja que colgaba del techo antes de todo y después. Aún estoy pendiente del más mínimo giro, y del ruido de las moscas, a quienes estoy profundamente agradecida por mantenerme despierta. Sería una catástrofe quedarse dormidos así.
He visto caer cuerpos desde que ocurrió el colapso, los he visto perderse en el derrumbe, algunos gritando con las pocas fuerzas que quedaban, otros sin tiempo siquiera de despertar.
Quedamos tres aferrados a la cuerda, esperando que ésta resista el peso. La cuerda quedó atorada en una varilla a la hora del derrumbe.
No queremos caer al precipicio de los escombros, pero de pronto, uno de ellos empieza a gritar y a sacudir la cuerda. El verdadero peligro está aquí, en la cuerda de la locura. Yo sigo pendiente del ruido de las moscas…
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