
―¡Soy la luz!― dijo mirando de cara al sol el ciego. La gente se detuvo, expectante―. En mis blancas pupilas tiembla por dos veces la nada pero es que mis ojos miran hacia adentro. Sólo yo puedo separar las cosas de su sentido, sólo yo soy capaz de guiarme por las estrellas en el día. ¡Seguidme y veréis! ―decía mientras se introducía audazmente en una constelación de zarzas.
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