sábado, julio 4 2026

CUANDO UN CUENTO DUELE by José Luís Serrano

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Imagen facilitada por el autor.

León, 27 de octubre de 2021.

Estos días he estado revisando viejos textos, notas, apuntes, cuentos inconclusos por a saber qué razón. Esas cosas, ya sabéis… Esta vez encontré unas líneas sobre el apego a ciertos objetos. Era un apunte biográfico de esos que alguna vez pueden servir para adjudicárselos a un personaje. 

«…es lo que tiene estar tan cerca de las cosas; no de las que pasan sino de los objetos y tan  de ellos como de lo que evocan… 

En La Palma compramos una cajita de madera con forma de manzana: Se perdió. No era más que… algo para llevarnos a casa.  Me resisto a llamarlos recuerdos porque pobres días hubieran sido si necesitasen de algo tangible para permanecer en la memoria. Se perdió aquella cajita. Reapareció años después, tras una mudanza, en el fondo de alguna parte y al abrirla para comprobar lo ya sabido, que no guardaba nada dentro, soltó, como un volcán, aromas de Taburiente, brisas de Garafía a Barlovento, la negra falda del Teneguía devolviendo el eco de los besos del mar una y otra vez… el hombre aquel que en vez de indicarnos el camino nos acompañó porque no tenía nada mejor que hacer… y fue, simplemente, algo elegido al pronto desde el escaparate. No un algo comparado con otros similares de diferentes tiendas, algo con ese plus que añade el comentar cualidades sopesando qué es virtud y qué defecto…./ »

Muchísimas veces he usado metáforas del mar y el viento, del arco iris y la lluvia, de las fuerzas telúricas y en ese texto que ya cumplió con creces los veinte años y el viaje del que habla otros diez más, encontrarme ahora con la metáfora del volcán mientras el Cumbre Vieja lleva seis semanas arrasando cuanto a su paso encuentra y sin visos de detenerse en su labor de destrozar futuros… claro que no hay crueldad ni mala intención. Es la naturaleza recordándonos nuestra pequeñez frente a ella, poniéndonos en una dimensión que parecemos ignorar o acaso diciéndonos que, a pesar de ello, somos capaces de enormes logros… no lo sé. 

Soy de esos que un día decidieron construir su propia casa pero no como imagen literaria sino como labor de ordenar ladrillo tras ladrillo con el cemento y la arena amasada momentos antes. Mucho trabajo; tanto como satisfacción causa entrar en una habitación que tú construiste, descansar en ella, tomar un café. Creo que ha sido por eso que la imagen de un brazo de lava haciéndose dos para rodear una casa, abrazarla y con toda su potencia hacerla estallar para acto seguido pasarla por encima, me trajo a las venas un temblor, un estremecimiento de cada músculo rememorando las tardes de ilusionado sudor en el andamio.

Aquel viaje a La Palma, lleno tan de ternura como de anécdotas para la sonrisa, ha permanecido adormilado en la memoria y despertado hecho sonrisas cada vez que ha surgido en la conversación con mis amigos. 

Pasará. El Cumbre Vieja cumplirá su cometido y cesará como lo hicieron sus predecesores, luego, la tenacidad de los isleños hará el milagro, su capacidad para hacer virtud de la necesidad instaurará un orden nuevo donde las almas vuelvan a brotar con todo su esplendor y generosidad. De eso estoy seguro. Ojalá sea pronto.


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