Escuchen con atención el relato que les brindo
de lo que aconteció a una joven allá por sus años lindos.
En Salamanca estudiaba la joven de nuestra historia,
el hecho, quiso un testigo, que quedara en mi memoria.
Rebeca tenía por nombre y Ginés por apellido,
de familia con posibles procedía la muchacha.
Recorría por las noches todos los bares y tascas,
ni estudiaba ni comía, amigos no eran sus libros.
En amoríos andaba con un responsable estudiante
que intentaba con tesón que la chica madurase.
Pero Rebequita era terca, todo el dinero gastaba,
jugaba, bebía y a todos por la piedra se pasaba..
El estudiante se hartó de esta chica irresponsable
y la dejó por una viuda ricachona y con buen talle.
Rebequita, al enterarse, juró que los mataría
y lo hizo ¡Vive Dios! con premeditación y alevosía.
En la cárcel de Extremera se pudren de Rebeca los huesos,
con lumpen de toda clase se codea la muchacha.
Duerme, fuma, bebe, juega y gana,
Desde su llegada es la reina de los presos.
Sus padres, muy afligidos, van a verla cuando pueden,
le llevan jabón, tabaco, pasta de dientes, menestra.
Su madre llora sin fin, el padre no se lo cree
y repite sin cesar Yo siempre quise lo mejor para ella.
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