Voy a morir, lo sé, pero van a matar a un inocente. Amador, recurre a un buen abogado; Amador, la justicia no es justa, no seas ingenuo -me insistían en el pueblo. Amador, Ama-dor, A-ma-dor… (crece la violencia en su voz). Como si eso fuese tan fácil como dar consejos, con qué dinero.
Cómo se llama usted (voz dura, distante) -me abordó el abogado de oficio sin pretender ocultar la urgencia de quitarse de encima a aquel chivo expiatorio. Y el chivo, allí, impotente, vendido, dejando su destino a aquel postor de turno, queriéndole explicar que me encontraba donde no debía por las malditas casualidades de la suerte: un 18 de marzo, un callejón donde se daban cita pandillas maleantes, un callejón sin ninguna salida.
Voy a m… Un disparo y mi sangre pagando alguna deuda ajena en aquel callejón.
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