Me apenó —quizá más bien me avergonzó— el áspero desencuentro entre Trump y Zelensky en el Despacho Oval ante la prensa y las televisiones de medio mundo el pasado viernes 28 de febrero. A muchos espectadores nos encogió el corazón, pues a las personas educadas las formas, aun manteniendo posiciones enfrentadas, nos parecen esenciales. No es cuestión de buenos modales, sino de querer comprender la posición de aquellos con los que se aspira a llegar a un acuerdo.
No tengo una opinión particularmente experta sobre lo que haya de hacerse en Ucrania, pero a la vista de lo ocurrido temo que las discordancias vayan creciendo hasta un ruido ensordecedor. Algunos piensan que se trataba de dos actores haciendo un espectáculo y que finalmente llegarán a un acuerdo aceptable para las dos partes. Ojalá sea así.
Como en contraste, en estos días, leía el libro «Ternura y humanización. Un desafío para el cuidado» (Sal Terrae, 2024) de José Carlos Bermejo y Rosa Ruiz. Me ha gustado y me ha hecho pensar. Copio un breve párrafo: «La ternura es el aroma que queda en el mundo y en las casas y en las instituciones cuando no tenemos miedo a querernos y lo expresamos, cuando no nos asusta cuidarnos, ni en nuestras relaciones personales ni en nuestro entorno de trabajo». Lo que estos autores defienden en su libro es que nuestra humanización se refleja prioritariamente en nuestras relaciones cordiales, en el cuidado de unos a otros, en la expresión de la ternura.
Quizá no podemos hacer nada por la paz en Ucrania, pero sí podemos intentar sembrar humanidad a nuestro alrededor.
Barcelona, 10 de marzo 2025.
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* Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).
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