Donde quedaron aquellos amaneceres de pelo revuelto sobre la almohada, de piernas enredadas haciendo equilibrios, de respiraciones agitadas en el tiempo.
Donde quedaron las tardes de paseos infinitos sobre la arena blanca y húmeda, al resguardo de los acantilados que frenaban nuestra pasión, mientras contemplábamos la línea azul del horizonte.
Donde aquellos paseos por las praderas cubiertas de un nuevo vestido en primavera, salpicadas de margaritas abriéndose al sol como amantes deslumbrantes.
Donde quedaron nuestros anhelos, fruto de la juventud tardía.
Ya es tarde.
Nada permanece.
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