Con cabales palabras,
con silencios precisos,
escucho el latir
de tu alma herida
mientras señalas:
los arañazos de las horas,
las llagas de los días,
las ofrendas de la vida,
la ofensa de la razón.
Tu amor por la existencia
de una vida que crece y avanza,
que solloza y lamenta,
que se ríe de los avatares
Tu miedo al mañana
en las sombras
del ciprés del olvido.
Más en mi memoria
no habrá olvido, solo recuerdo.
En ese recuerdo
quedarán los impropios
de ese carácter tuyo
que muestra tu esencia,
las faltas de tus dudas
que son el desconsuelo de las horas,
la naturaleza de tus lamentos
qué son los sollozos de un momento,
las lágrimas de tus aflicciones
qué son las penas de tu amargura,
y sobre todo, las sonrisas
de esa felicidad compartida
que escribe el destino
de dos vidas unidas
por el amor construido
en la confianza ciega.
@Pippo Bunorrotri.
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