jueves, junio 25 2026

LA DISCRETA LUCILLE FLETCHER, GUIONISTA DE CINE, RADIO Y TELEVISIÓN. Por María Rodríguez Velasco

 

Noche cerrada. La brisa mueve los visillos de las ventanas del dormitorio, mientras Leona trata de descansar. Está enferma y sola en casa. Los sirvientes tienen la noche libre y su marido se encuentra en otra ciudad, debido a sus negocios. Decide llamarle, pero la conexión telefónica no es buena y se cruza una conversación. Dos hombres planean el asesinato de una mujer. Al comunicarse con su padre, éste piensa que se trata de una broma y la policía dice que la información es muy vaga para actuar. Entonces, entiende que está perdida.

Fotograma de “Sorry, Wrong Number”, con Barbara Stanwyck.

Este es el argumento de Voces de muerte (Litvak, 1948), pero muchos hemos experimentado esa sensación de confusión con las interferencias puntuales que se producían, hace algunas décadas ya, en nuestros teléfonos fijos. Originalmente titulada Sorry, wrong number, fue protagonizada por Barbara Stanwyck y Burt Lancaster. El guion de esta película tiene sello femenino; concretamente, el de Lucille Fletcher, que se basó en su propia novela y que anteriormente se difundió en la radio como un episodio de una serie de suspense. Se estrenó el 25 de mayo de 1943 y se retransmitió siete veces hasta el año 1948, con la voz de Agnes Moorehead en el rol de Leona Stevenson. En 1952, la misma Stanwyck la reprodujo en las ondas, de nuevo. Una versión posterior recibió un Premio Edgar (1960) al Mejor Drama de Radio y dos óperas se inspiraron en la obra. Orson Welles llegó a consagrarlo como “el mejor guion de radio único jamás escrito”. Para obtener la aprobación del film en las salas, hubieron de revisarse determinados elementos que la autora había incluido, como la alusión al tráfico de drogas. La Administración del Código de Producción de Hollywood se opuso a una descripción tan explícita.

Violet Lucille Fletcher (1912-2000) nació en Brooklyn, Nueva York. Después de visitar Sudamérica como única finalista femenina en un concurso de oratoria, optó por estudiar Arte. Trabajó como bibliotecaria musical, secretaria de derechos de autor y escritora publicitaria en Columbia Broadcasting System.  Allí conoció al que sería su primer marido, el compositor Bernard Herrmann.

Ya en 1940, Norman Corwin se fijó en uno de sus relatos publicados en una revista y lo adaptó al formato radiofónico. En este caso, Lucille se fundamentó en un hecho real al escribir My client Curley, la historia de “Old Rip”, un sapo que fue introducido en una cápsula del tiempo dentro de la piedra angular del Palacio de Justicia de Eastland, en Texas. Treinta años después, el edificio fue demolido y lo descubrieron cubierto de polvo, pero vivo. Ante lo insólito del hallazgo, llegó a hacer una gira por los Estados Unidos, hasta que murió 11 meses después. Más tarde, Alexander Hall dirigió su homólogo cinematográfico, Once upon a time (1944), donde un famoso empresario teatral de Broadway (Cary Grant) utiliza a una oruga amaestrada para sus espectáculos.

La actriz Inger Stevens en el episodio de “Twilight Zone”

El citado Orson Welles, en su programa de la CBS Radio, emitió en noviembre de 1941 otro relato de Fletcher, El autoestopista. Ella lo diseñó teniendo en cuenta su voz característica y las técnicas originales de sonido que este solía emplear. En realidad, todo surgió a partir de un viaje en coche con Herrmann, cuando vio al mismo hombre de aspecto extraño en el Puente de Brooklyn y, después, en el Pulaski Skyway. Tras un par de décadas, Rod Serling la incluyó en uno de los capítulos de la antológica serie The twilight zone (Ganzer, 1960). En ella hay algunos cambios, como el género del conductor, en este caso, interpretado por la actriz Inger Stevens.

Lucille Fletcher escribió más de una quincena de guiones para la radio durante los años cuarenta del siglo pasado y otras tantas novelas, entre las que podemos citar The girl in cabin B54 (1968), Night watch (1972) o Mirror image (1988). También, creó para su esposo el libreto para la ópera Cumbres borrascosas (Emily Brontë), que terminó en 1951, cuando ambos ya se habían divorciado.

Elizabeth Taylor y Laurence Harvey en “Night Watch”.

Precisamente, Night watch fue llevada al cine en 1973 por Brian G. Hutton, y dos grandes intérpretes al cargo de los personajes principales, la conocidísima Elizabeth Taylor y Laurence Harvey. En nuestro país se tradujo como Una hora en la noche y su misteriosa trama parte del testimonio de una mujer que ve, desde su ventana, cómo se comete un crimen en la casa de al lado. Ni su marido, ni su amiga la creen y lo atribuyen a un colapso mental, debido a una experiencia traumática sufrida en el pasado. Con anterioridad, Philip Dunne escogió a Claudia Cardinale y a Rock Hudson para Blindfold (1965), su novela publicada en 1960. Como cabe suponer, estas no fueron las únicas adaptaciones al séptimo arte. Gracias a ella, el cine negro de Hollywood contó con una buena dosis de intriga y originalidad.

Lucille murió a los 88 años de un derrame cerebral. Estaba casada con el novelista y dramaturgo Douglass Wallop.

A pesar de haber pasado muy desapercibida y no gozar del reconocimiento que merece –aunque fuera póstumo-, su legado se ha conservado y nosotros, en la actualidad, disfrutamos de variedad de plataformas y canales donde, sin duda, podremos localizar e


María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.

Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros. Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.


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