Nace la luz única del alba,
esa luz rojiza y grana que llena
de paz el Gibralfaro.
Luz siempre mágica
que ilumina el castillo,
la Alcazaba, el teatro romano.
Luz soñada por fenicios,
romanos y árabes.
Mi vuelo rasante
me lleva a las calles,
a sus plazas,
a la belleza de sus jardines,
a sus playas blancas.
Siento la brisa de su mar,
Mare Nostrum de los romanos.
Percibo los aromas a vino dulce
flotando en el aire de sus terrazas y
de sus típicas tabernas,
cuando el sol decide ocultarse
vistiendo con frac dorado para
recibir a la luna engalanada de plata
Moviendo mis alas blancas
cruzo la ciudad de parte a parte
reposando mi vuelo en los Dragos,
Palmeras y Plátanos, entre otros,
que habitan el Parque de Málaga
Bebo en sus fuentes que llenan de
música el silencio
Buscó alimento en los senderos
del Jardín de la Concepción y
en cada uno de los espacios verdes
bajo el cielo malagueño.
Cuando el fino algodón de las nubes
se vuelve en oscura lana,
cuando las gotas de lluvia
se forman en charcas
me cobijo en aleros de los palacios.
Comienzo en el Palacio de la Aduana,
vuelo cuándo me canso
al Palacio del Conde de las Navas
o tal vez al Episcopal
y de ahí al Palacio de los Larios.
Termino mi vuelo de cobijo en cobijo
en los tejados que se nombran
por la zeta,
los del Palacio de Zea -Salvatierra.
Nada hay cómo el silencio
entre el amanecer naranja y grana
y el ocaso púrpura y ámbar
Deseo la calma,
la siento muy dentro entre
campanadas y campanada
Miro al altar de la Encarnación,
la bella Catedral
Miro la luz, las imágenes
pintadas de mañana.
Percibo el aroma a incienso
de cada templo en sus piedras
curtidas por el tiempo
La iglesia de los Santos Mártires,
Santiago Apóstol, el Sagrado Corazón,
San Pablo,
Santo Domingo de Guzmán
por no extenderme más.
Nada hay cómo el silencio
buscando la paz.
Busco el aire marinero,
el aire que trae los barcos
pesqueros a puerto
Ese aire que alimenta
Busco la espuma
que se mece con la marea,
esa que moja los cuerpos dorados
tumbados en la arena.
Busco cada día
un lugar para el silencio
aleteando mis plumas blancas,
completamente blancas
surcando el cielo
de la siempre soñada
Málaga
Carlos Cubeiro
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