sábado, julio 4 2026

SIEMPRE SOÑADA by Carlos B. Cubeiro

Nace la luz única del alba,

esa luz rojiza y grana que llena

de paz el Gibralfaro.

Luz siempre mágica

que ilumina el castillo,

 la Alcazaba, el teatro romano.

Luz soñada por fenicios,

romanos y árabes.

Mi vuelo rasante

me lleva a las calles,

 a sus plazas,

a la belleza de sus jardines,

a sus playas blancas.

Siento la brisa de su mar,

Mare Nostrum de los romanos.

Percibo los aromas a vino dulce

flotando en el aire de sus terrazas y

de sus típicas tabernas,

cuando el sol decide ocultarse

vistiendo con frac dorado para

recibir a la luna engalanada de plata

Moviendo mis alas blancas

cruzo la ciudad de parte a parte

reposando mi vuelo en los Dragos,

 Palmeras y Plátanos, entre otros,

que habitan el Parque de Málaga

Bebo en sus fuentes que llenan de

música el silencio

Buscó alimento en los senderos

del Jardín de la Concepción y

en cada uno de los espacios verdes

bajo el cielo malagueño.

Cuando el fino algodón de las nubes

se vuelve en oscura lana,

cuando las gotas de lluvia

se forman en charcas

me cobijo en aleros de los palacios.

Comienzo en el Palacio de la Aduana,

vuelo cuándo me canso

al Palacio del Conde de las Navas

o tal vez al Episcopal

y de ahí al Palacio de los Larios.

Termino mi vuelo de cobijo en cobijo

en los tejados que se nombran

por la zeta,

 los del Palacio de Zea -Salvatierra.

Nada hay cómo el silencio

entre el amanecer naranja y grana

y el ocaso púrpura y ámbar

Deseo la calma,

la siento muy dentro entre

campanadas y campanada

Miro al altar de la Encarnación,

la bella Catedral

Miro la luz, las imágenes

pintadas de mañana.

Percibo el aroma a incienso

de cada templo en sus piedras

curtidas por el tiempo

La iglesia de los Santos Mártires,

Santiago Apóstol, el Sagrado Corazón,

San Pablo,

Santo Domingo de Guzmán

por no extenderme más.

Nada hay cómo el silencio

buscando la paz.

Busco el aire marinero,

el aire que trae los barcos

pesqueros a puerto

Ese aire que alimenta

Busco la espuma

que se mece con la marea,

esa que moja los cuerpos dorados

tumbados en la arena.

Busco cada día

un lugar para el silencio

aleteando mis plumas blancas,

completamente blancas

surcando el cielo

de la siempre soñada

Málaga

Carlos Cubeiro


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