Eran las 4 a. m. cuando el director y profesor Ambroise fue arrancado de los brazos de Morfeo. Ni siquiera sus poderes premonitorios le habían podido advertir del terrible asesinato del que habían sido víctimas tres de sus alumnos de segundo curso.
El profesor Ambroise era de origen francés, pero residía en España desde los quince años y, desde entonces, vivía en el internado Escuela para Niños con Aptitudes Especiales. Se formó como docente y, a los treinta años, empezó a ejercer como profesor de gestión y control de ataques finales o fulminantes durante un combate. Era también un gran guerrero en el cuerpo a cuerpo, ya que controlaba a la perfección diferentes artes marciales y mentales. Gracias a su poder telepático, conseguía que sus adversarios hicieran lo que él deseaba.
Tras el fallecimiento del anterior director, fue él quien asumió el cargo. Su metro noventa de estatura y su corpulencia, sumados a su tez morena y a sus ojos negros como el hollín, le conferían un aspecto respetable y, en cierto modo, amenazante.
Aquella misma mañana del 23 de marzo, hacia las diez, iba a ingresar en el internado un nuevo alumno con unas virtudes y capacidades excepcionales. Jason, de quince años, con una buena complexión y cerca del metro ochenta, era de procedencia americana. Tras la muerte de sus padres, vino a España con tres años y pasó a estar bajo la custodia de sus abuelos maternos. Era albino, con unos ojos de un intenso azul claro tirando a violeta. Poseía la virtud de la premonición y la clarividencia tempranas. Gracias a sus capacidades, se podría poner cara al presunto asesino y así actuar y preparar un ataque o defensa adecuados.
El profesor Ambroise recibió a Jason en la entrada del internado.
—Hola, Jason Moore, adelante. Bienvenido a tu nuevo hogar.
—Hola, profesor. Gracias.
—Vayamos mientras a la biblioteca y así dejamos trabajar a la policía, ya que esta madrugada ha habido un espantoso y terrible asesinato en el bosque contiguo a la escuela. Han asesinado a tres compañeros de segundo curso.
—Parece que llegas en un momento clave, Jason. ¿Te das cuenta de que, con nuestros poderes unidos, podemos buscar y encontrar al que ha ocasionado este horrible crimen?-dijo Ambroise al nuevo alumno.
—Eso espero, profesor. Cuando venía en el autobús y estaba a punto de llegar, pasamos cerca del bosque y tuve una extraña sensación. Sentía cómo se me revolvían las entrañas y mi corazón latía con tanta fuerza e intensidad que pensaba que se me saldría del pecho. Me gustaría ir exactamente al lugar donde encontraron a las víctimas, para así poder tener una visión más clara del crimen y ponerle cara al cruel asesino.
—Está bien, Jason. Iremos esta misma tarde. Cuanto antes, mejor. Convocaré una reunión para ver con cuántos compañeros contamos.
Esa misma tarde acudieron al inmenso bosque de hayas frondosas y pinos altos Jason, el profesor y diez compañeros más, entre ellos Damián y Eva. Damián tenía la virtud de invocar almas atormentadas y espíritus malignos; y Eva, la de sanar. Ella sentía la necesidad de acudir también al lugar de los hechos: quería saber si podría haberles salvado la vida a sus amigos.
Después de un rato hablando, conociéndose y poniéndose al tanto de sus habilidades, el grupo se adentró más en la escena del crimen. Lo que ellos no sabían era que el asesino les había arrancado el corazón ipso facto, por lo que Eva no habría podido hacer nada por ellos.
Cuando llegaron al bosque, la policía había acordonado todo el perímetro y había colocado unos conos donde estaban los corazones: los habían dejado alejados de los cuerpos.
—¡Dios mío, qué horror! —dijo el profesor, apesadumbrado, viendo gracias a sus capacidades lo que había tenido lugar allí la noche anterior.
—Desde luego, profesor, es una auténtica masacre. Intuyo que el responsable de este horror no es humano. Necesito unos minutos más para descubrir de qué se trata.
Mientras tanto, el resto de los alumnos observaba la zona horrorizado. De hecho, a Eva la tuvieron que sacar del lugar porque le dio un ataque de ansiedad.
—Profesor, creo que ya sé lo que ha ocurrido, lo que ha ocasionado este espantoso y fatídico asesinato —aseguró Jason—. Se trata de un ser, un ente maligno muy poderoso, que usa la magia oscura. Su nombre es Dhar.
Dhar llevaba tiempo acechando el internado y a todos los que vivían allí, pues sabía que sus habitantes poseían aptitudes especiales que podrían representar una amenaza. Dhar había bloqueado una parte del cerebro del profesor; por eso, Ambroise no había podido percibir el mal que se avecinaba.
Jason puso al tanto a Ambroise de todo lo que sabía de este ser. El ente provocaba un intenso dolor de pecho en quienes sentían su presencia, causándoles unas fortísimas taquicardias que terminaban con la expulsión del corazón por la boca.
Los días pasaban con normalidad. No había habido nuevas muertes, pero seguían siendo precavidos y actuando con cautela. Ya en el mes de mayo, los chicos propusieron ir al bosque a pasar una tarde de picnic divertida. Llevaban algo de picoteo, bebidas y música. Al picnic fueron: Jason; Damián; Eva; Saúl, cuyo poder era la creación de un aura protectora; Esteban, que tenía la capacidad de levitar y controlar el clima; Fabián, quien podía mover objetos con solo pensarlo; Alicia, con el poder de la electroquinesis —generar electricidad y magnetismo, además de disparar rayos con la punta de los dedos—; Bruno, que poseía una fuerza sobrehumana; Mónica, con la capacidad de hacerse invisible; y, por último, Fran, capaz de controlar el tiempo a su antojo y de teletransportarse.
Mientras empezaban a preparar la merienda, una fuerte e intensa ventisca les hizo estremecerse. Jason, muy alerta, se dirigió a sus compañeros.
—¡Saúl, usa tu aura protectora! ¡Rápido! Dhar está cerca —advirtió con firmeza.
De pronto, Alicia comenzó a atacarse a sí misma, lanzándose descargas eléctricas. Cayó inconsciente al suelo. Eva corrió a asistirla mientras el resto trataba de defenderse, usando cada uno sus virtudes para atacar al ente.
Después de horas de combate y tras comprobar que estaban todos bien y que el ente se había marchado, decidieron volver a la escuela.
—Debo contarle al profesor todo lo que ha pasado esta tarde —comunicó Jason a sus compañeros.
Cuando llegaron al internado, Jason fue directo al despacho de Ambroise.
—Buenas noches, profesor. Disculpe la hora, pero acabamos de regresar de una tarde bastante movida… y un picnic bastante desastroso.
Después de relatar todo lo ocurrido y el nuevo descubrimiento sobre Dhar, añadió:
—O sea que, ahora, Dhar también cuenta con una de nuestras aptitudes… Lo que nos faltaba.
—Sí, profesor. Pero como usted y yo tenemos la misma capacidad, podemos anular la suya —tranquilizó Jason—. Mientras combatíamos al ente, incluso pude sentir su rabia contra todos nosotros. Él notaba que, estando unidos, teníamos mucho poder. Hasta que decidió retirarse.
—Tenemos que empezar a prepararnos para el enfrentamiento final. Él debe estar planeándolo también.
Las clases terminaban a finales de junio, así que contaban con poco más de un mes para estar listos. Entrenaban con mucha intensidad, tanto en el gimnasio como en el bosque. Se dividieron en dos equipos, y luchaban entre ellos sin ningún tipo de pudor. Saúl protegía a todos con sus auras, mientras el resto practicaba lo que mejor sabía hacer. Entrenaban bajo la atenta mirada de Ambroise.
El profesor preguntó a Esteban si podría provocar un temporal en el bosque y a Fran si podría teletransportar a Esteban y a Alicia al lugar elegido, por ejemplo, al gimnasio del internado. Ese día entrenaban en el bosque porque Jason se lo había sugerido tras una premonición.
—Claro que sí, profesor —afirmaron Fran y Esteban.
Había sido una buena mañana, de arduo trabajo y gran entrenamiento. El escudo de Saúl era muy efectivo, pero aun así se sentían doloridos y con bastantes agujetas. Todos necesitaban y merecían un buen almuerzo y descanso. Jason y el profesor también entrenaban juntos para adquirir aún más
fuerza y poder mental.
A la mañana siguiente, un equipo fue a ejercitarse en el enorme gimnasio ubicado en el sótano búnker del majestuoso palacete del siglo XIX, al norte de Madrid. El edificio había servido antaño como hospital para heridos de guerra.
El otro equipo fue a la biblioteca para aprender y empaparse de todo lo relacionado con la magia oscura, para así defenderse de las técnicas de Dhar. La biblioteca era una magnífica estancia de dos alturas, con grandes ventanales cubiertos por cortinas de terciopelo granate. Las paredes estaban forradas de altas librerías de teca oscura, desde el suelo hasta el techo, repletas de libros, muchos de ellos únicos. Cada estantería tenía su propia escalera. En el centro de la sala se hallaban las mesas de estudio, cada una con su lámpara. Del techo colgaban dos majestuosas lámparas de araña del siglo XIX. El suelo del internado, salvo el de la cocina y los baños, era de madera de teca. Olía a lavanda, madera envejecida y sándalo. Margarita, el ama de llaves, colocaba cada mañana ramos de lavanda en cada estancia, y esa mezcla de aromas hacía que la vida allí resultara cálida y acogedora.
En la segunda planta se encontraban las habitaciones, los despachos y los baños. Los alrededores del internado formaban un entorno incomparable: un inmenso bosque de hayas y pinos majestuosos, acompañados por un riachuelo, componían una estampa preciosa, un lugar idílico.
@Vanesa Zamora Acosta
@Imagen Pinterest
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