Cómo empezar … Cuál la primera palabra si no un reniego maldicente. No una simple grosería o una interjección imprecisa y subida de tono para llamar la atención o sonrojar pusilánimes, sino una palabra pesada de semántica indescifrable y más que aldaba en las puertas de las conciencias, remueva las vísceras, golpee las lápidas, sacuda los ánimos, provoque galernas en mis venas, tifones cerca del corazón para que al fin la tempestad preludie la calma.
… vendrá luego la voz serena que diga “este es mi sueño y no estás en él”. Traicionaste las liturgias renunciando al derecho a entonar mis cantos. En jardines ajenos olvidaste el privilegio de estar siempre, irrenunciable en cada amanecer, en cada lágrima, en cada sonrisa que amamantaba la esperanza o le cambiaba los pañales.
… vendrá la voz que me niegue la mañana, rome los latidos, los ojos que no vean dónde ir ni a qué latitudes se fugó el horizonte.
Si tuvieran mis manos la memoria del agua y conservaran precisas la forma de la piedra o del barro antes aun de ser vasija, el eco verde de los valles o los poemas que la lluvia sabe… pero el recuerdo que guardan es tu piel. Sus aromas y sus cánticos, así que cómo empezar, cuál la primera palabra si no un reniego maldicente…
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