
Por Santiago Angarita Yela
Hoy se han llevado a don Fidel. La ambulancia parqueó frente a su casa sin emitir ruido alguno. Los enfermeros, no lograron ingresar la camilla por el estrecho portón, asqueados lo cargaron en brazos, arrancando un par de setas en el proceso. El sabio se quejaba, gruñía y gemía con cada seta que caía sobre la polvorienta baldosa, se perdían las preciadas antenas y su arcana conexión con la gran red. Mi madre fue la primera en salir al ante jardín, para tener la primicia de cómo se llevaban al viejo. Lo han tenido que sacar con una máscara de oxígeno, para ponérsela le retiraron los mixomicetos en sus labios. Me acerqué a despedirme y mientras el resto de curiosos se asqueaban por su aspecto, yo solo le preguntaba cuál sería mi papel, ahora que había caído nuestra alucinada empresa. Las puertas se cerraron, el vehículo desapareció en la siguiente esquina y desubicado como un putas, decidí esperar a que cayera la noche, para ingresar a su morada y buscar entre las hojas de su amada literatura rusa, un mensaje entre líneas, un aliciente, un precedente que no diera por perdido el proyecto en el que tanto me había esmerado.
Nadie comprendía a cabalidad mi relación con Fidel, muchos, mal interpretaban mi cercanía al viejo. Pensaban que más que un maestro, buscaba yo las migajas de la riqueza que forjó en vida. Imbéciles, cada uno más que el anterior. Don Fidel no poseía capital alguno. Vivía por tres pesos en una casa invadida por la humedad, ambiente predilecto para el crecimiento de sus tan amados hongos. Lo conocí por accidente en el potrero junto al parque del barrio. Solía fumar en soledad, lejos de los reproches de mi abuela. Que siempre que me veía con cigarrillo en mano daba rienda suelta a su cantaleta nefasta:
⸺Soltá esa vaina culicagado, a tu mama la mató el tabaco y vos vas para el mismo camino.
⸺A mi mama la mató la tristeza. La mató su condición de mascota de concurso.
⸺No sabés de lo que hablas muchacho. Soltá ese verraco cigarrillo, que yo ya no tengo edad para estar enterrando gente.
Yo apagaba el pucho y me salía de la casa, con la excusa de sacar a pasear el perro. La abuela no se comía el cuento, pegaba para el potrero y me sentaba a exhalar humo con libertad. La primera vez que lo vi, tenía aun ese aspecto de intelectual apocado, que se perdió con cada nueva sepa que injertaba en su cuerpo. Se acercó a pedirme un cigarrillo y se sentó en el mismo muro que yo. Mirándome con el rabillo del ojo, buscando con ahínco la intersección entre su mirada y la mía, pidiendo a gritos charla de potrero. La charla de potrero, se diferencia a la charla de pasillo, o a la charla de oficina. La charla de potrero, lo catapulta a uno a planos más elevados. Poniendo sobre la maleza, temas que abarcan desde astronomía, hasta terrorismo. Aquella primera conversación con el maestro, fue un preludio a toda la abrupta metamorfosis. Su aliento olía a humedad, a guardado, a humus.
⸺Están hablando ahora mismo, cientos de ellos y eso sin contar el territorio más allá del potrero. ⸺Mi confundido mirar le dio pie a explicarme ⸺, hablo de las setas. Curiosos entes, ni animales, ni plantas.
⸺No me he encontrado la primera, hasta el sol de hoy⸺ le respondí.
⸺No me sorprende. Vos vas por ahí con la mirada en el cielo¿Qué hay en el cielo? Nada vivo. Nada consciente.
⸺Aves, pájaros, polución, mierda. Te sorprendería todo lo que se alcanza a llevar el viento.
Yo hablaba por hablar, dejaba que las palabras escaparan sin filtro. Me gustaba hacer eso con los desconocidos, dármelas de resentido, pretender que el mundo me importaba una mierda. Cuando en realidad, lo que soy es un enamorado, de las personas más que del concepto de vida. Disfruto observarlas, observarlas desenvolviéndose en sus vericuetos cotidianos. Las relaciones familiares, de pareja, la dramaturgia de los lugares comunes. Las constantes puestas en escenas, las mil y un máscaras, la dualidad. Fidel no entendía mucho de relaciones humanas. Él era un hombre contemplativo, con afinidad por reinos ajenos a lo mundano. Afinidad que decidió compartirme después de una profunda conversación de potrero.
⸺¿Sabes cuál es la esperanza de vida de un humano promedio? ⸺ me preguntó sin mucho interés.
⸺ No lo sé, depende de la generación, del contexto, de la geografía.
⸺ No empecés con tus divagaciones. La pregunta es concreta⸺me reprochó.
⸺Algo entre setenta y ochenta años. No lo sé ¿Por qué me preguntas eso?
⸺ Existe un hongo, que ha vivido por más de dos mil trescientos años. Tuve el placer de conocerlo de primera mano, allá en Gringolandia en un pequeño pueblo al este de Oregon.
⸺Sos un hablador ⸺ respondí burlándome de su desfachatez ⸺ , si mucho has llegado al norte del Valle.
Fidel, quien usaba sacos de manga larga incluso a medio día. Se levantó una manga, dejando al descubierto su antebrazo derecho. Un espectáculo dantesco, de su brazo sobresalía una seta color miel. El pálido brazo estaba adornado por ramificaciones color tierra y otro par de setas y musgos de menor tamaño.
⸺ Jueputa ¿Qué clase de mierda es esa?
⸺ No es ninguna mierda, es el trabajo de toda una vida. ⸺ Sentí ganas de alejarme. Apagar el cigarrillo y regresar a mi casa. Prefería quinientas veces limar el juanete de la abuela. Que tener que ver el brazo de Fidel, repleto de hongos.
⸺ Parce ¿Ya has ido a un médico?
⸺La medicina moderna no lo comprende. Solo le harían daño a mis preciados huéspedes.
⸺¿Sos consciente de que solo son hongos? A mí me dio uno en una uña y en menos de un parpadeo, ya me estaba aplicando cuanto ungüento me vendieron.
⸺ ¿Estas desocupado? ⸺me preguntó emocionado.
⸺ Mi abuela, se fue a una clase de bordado francés. No tengo que cuidarla, así que, sí. Estoy desocupado.
⸺ Acompañáme a mi casa. Tengo algo que mostrarte.
Abandonamos el potrero y caminamos hasta su decrepita morada. Si por fuera se caía a pedazos. Por dentro parecía inhabitada. Musgo y toda clase de hongos cubrían las paredes. Llenando el aire de esporas y las habitaciones de diversos colores. Habían hongos: rojos, verdes, violetas, naranjas, blancos y amarillos. Fidel me miro con gran orgullo, como si en vez de los repulsivos hongos me mostrase una gran colección de piezas de Arte.
⸺En esa pared, hay alrededor de quinientas especies de hongos. En el mundo hay registradas un total de setenta y tres mil.
Yo miraba el recinto absorto, el techo goteaba y las esporas dificultaban la respiración.
⸺¿Hay alguna comestible? ⸺pregunté sin dejar de dar vueltas, perdiendo cada vez más la repulsión.
⸺¡Claro que las hay! Solo el 0,001% de las setas son comestibles. Pero en la pared hay gran variedad. Tengo en la cocina champiñones y un par de ejemplares de stropharia cubensis, hongos alucinógenos para los poco entendidos.
⸺No he tenido el placer de probarlos. Una vez me metí un ácido en una finca. Nos salió chimbo, vomite hasta la bilis. ⸺Fidel suspiró.
⸺El hombre, en su eterna lucha por replicar y sobrepasar a la naturaleza. Si quieres uno, solo tienes que pedirlo. Los míos son especiales, he cruzado la seta perfecta, reuniendo esporas de mis más intrépidos viajes. De hecho, no es una mala idea comer un par de hongos. Así puedo explicarte mejor lo de la gran red.
⸺¿Gran red? ⸺pregunté.
⸺He notado el asco en tu mirada, cuando me levanté la manga. Crees que estoy loco, pero estás aquí, porque la curiosidad en ti permanece intacta. No tengo muchos amigos y para un viejo habitando el reino fungí, no hay mayor satisfacción que la de conocer a un humano interesado en aprender.
⸺Esto es lo más bizarro que he visto en mi vida.
⸺No pelado, vos no has visto nada. ⸺declaró solemne.
Fidel ingresó en la cocina. La nevera se encontraba desconectada y en su interior había más hongos. Cultivos de setas por doquier. Fidel, extrajo una olla del gabinete bajo el lavaplatos, la llenó con agua, agregó pasta y encendió el fogón. Me sorprendió que tuviese servicio de gas y agua potable ¿Qué clase de lunático vivía a tres casa de la mía? habitando una cueva fúngica, prehistórica, toxica para cualquiera menos para Fidel. Sentí picor en las fosas nasales, síntoma irrefutable que ingresaban a mí un millar de esporas.
⸺¿Para que las pastas?
⸺Para comer con los hongos alucinógenos. Si los hermanos nos permiten alimentarnos con sus millares de nutrientes, lo menos que podemos hacer es honrarlos con un buen plato.
Empezaba a asimilar las incoherencias de Fidel. He mencionado ya que disfruto de las personas. Pero, disfruto aún más de aquellas con comportamientos peculiares. Las de hábitos nefastos, o hermosos. Las que veneran la estética por encima de todo espíritu y las que añoran reencarnar en un plácido cerezo. Las putas viejas, los gatos tuertos. Todo lo que rompa los malditos clichés. Por eso adopté sin pensarlo a Fidel como maestro. Por loco, por lo hijueputamente excéntrico que podía llegar a ser.
Después de unos minutos, las pastas estaban listas. Pico las setas con un varios condimentos, un par de tomates y a sofreír.
⸺Es que, si te los comés crudos saben cómo a aserrín con tierra.
Mezcló los hongos con las pastas y me sirvió todo en un despicado plato de porcelana. Comí el platillo con saña, el sabor era esplendido y engullí los hongos alucinógenos como si se tratase de simples champiñones.
⸺Ya te dije que son distintos a los que nacen en los potreros. Desde el efecto que causan hasta el sabor de boca. Los he diseñado con un propósito único. Acercarme y poder ver con claridad, las conexiones invisibles que conforman el espectro aéreo de la gran red.
⸺No sé de qué putas me hablás, loco. Pero te puedo decir con seguridad total que para tener el cuero cubierto de setas, cocinás muy bien.
⸺¡Es esa la razón de cada una de mis destrezas! Es que no soy solo un individuo, poseo las facultades de aquel todo del que soy parte. ¡La gran red!
⸺Dejá de fanfarronear con tu esoterismo. Si es que existe una gran red, sácame de dudas y llévame a verla.
Fidel, subió sin musitar las escaleras al segundo piso. Ingresó a una de las habitaciones, adornada por un único sofá: un mueble viejo, con el cuero cuarteado y la espuma rebosando por las múltiples grietas.
⸺Ve, sentate ahí, que puedo sentir como empezás a conectarte.
⸺Yo solo puedo sentí ese hijueputa olor tan desagradable. Huele como si se hubiese muerto algo en ese sofá.
⸺Un par de ratones, comida para la red. Sentáte pues.
Me senté en el sofá, Fidel junto a mí. Me pidió que mirara hacia el techo y que tratara de concentrarme en los colores de las setas. El efecto del alucinógeno, me golpeó con violencia, las setas alumbraban cual bombillos y en el techo, se podían apreciar con un menor brillo, raíces infinitas que envolvían la edificación entera.
⸺¿Estás viendo eso?⸺pregunté asombrado.
⸺No lo mismo que vos, cada uno recibe distintos mensajes de la gran red.
⸺Parce, estoy muy engalochado.
Fidel se puso en pie. Traté de seguirlo con la mirada. Pero las esporas en el aire se hacían cada vez más tangibles, disminuyendo mi movilidad. La noche se extendió varios meses, dormía, despertaba, soñaba y en lo sueños podía transmutar en árbol, bosque y Bestias.
⸺En nuestro cuerpo, habitan más de ochenta especies de hongos. Es por eso que se puede controlar a otro ser por medio de la gran red.
⸺¿Cuánto tiempo ha pasado desde que llegue? ⸺pregunté asustado.
⸺Unas seis horas.
⸺Siento que han pasado meses⸺ repliqué.
Me puse de pie afanado, y antes de salir de la habitación del sofá, Fidel, se interpuso en el umbral.
⸺Quedáte solo un momento, prometo que después de que te presente a la gran red, podrás marcharte.
Y así fue. Después de la explicación, me dejo ir y hasta le envió a mi abuela una canasta con champiñones. Canasta que nunca llegó a su destino, ya que después de su catedra no me sentí capaz de regresar a la casa, sin antes visitar el potrero. Intentare, para fines técnicos, resumir el gran tratado que recitó Fidel, bajo la luz de los hongos, sentado cómodo en el sofá de las dos ratas muertas.
⸺Para entender la gran red, pelado. Tenés que entender o más bien desentender el concepto de individualidad que está tan arraigado. Existe una conexión física, entre todos los entes vivos que habitan el planeta. Imaginá una gran tela de araña envolviéndolo todo, comunicando, protegiendo, perpetuando todo saber, sentir y actuar. Los humanos no estamos conectados a dicha red. No de manera directa. Las plantas lo están y por supuesto, los hongos. Es a través de estos maravillosos seres que podemos acceder al todo. Imaginá a los hongos como un sistema de telecomunicaciones. Lo que se encuentra bajo tierra son las hebras, los cables y las setas, son los repetidores, las antenas. Es por eso que al criar setas sobre mi piel, logro maximizar mi capacidad de recepción. Es una relación simbiótica, ellas me nutren y yo las nutro, me mantienen informado, despierto, atento a todo cambio a lo largo de la vasta extensión del globo terráqueo. Mi proceso está en etapas primeras, pronto lograre dar el siguiente paso y entregar de lleno mi cuerpo a la tierra. Conectarme.
Sentí miedo con su monologo, sonaba fanático, alucinado, enfermizo. Sin embargo, lo comprendí, como no iba comprenderlo si es que podía verlo de primera mano. Los cables, las antenas el brillo que emitían. Mi estado de consciencia alterada, me permitía conocer la verdad, sin velo ni mascara.
⸺Debo irme⸺le dije⸺, pero volveré mañana, quiero ver como sucede eso del siguiente paso.
Y al día siguiente, regresé a aprender más sobre la red. Cátedras magistrales, con lugar para la praxis. Aprendí a cultivar, aprendí a entender palabras aleatorias del idioma de los bosques. Fidel, me develaba de apoco de que se trataba la siguiente fase de su plan. Pero quería enseñarme a mantener a sus hongos sanos, antes de seguir. Llegué a pensar que la siguiente fase se trataba de suicidio, inferencia que Fidel aclaró jocoso.
⸺¿Parezco un hombre que añoré la muerte? No pelado, yo soy como vos. Un enamorado de la vida. De los hongos más que de las personas. Pero, vos sabés.
No podía refutar aquello, a pesar de los hongos sobresaliendo de todo su cuerpo. Fidel, parecía un hombre feliz. Estaba satisfecho de su imagen y de su capital intelectual, que añoraba más que a sus amados hongos. En algunas ocasiones, durante las largas sesiones de estudio, lo vi mirarse en el espejo, tocarse las setas sobresaliendo y sonreír.
Mi abuela empezó a cuestionar mis largas ausencias, le agradaba mi presencia y a mí la suya. Fue la única persona en recibirme tras abandonar los estudios universitarios. Para evitar sus preocupaciones, Fidel, sugirió una visita, dijo que le informaría a la abuela lo que hacíamos, que no me preocupara, que él se las arreglaría para que yo tuviese total disponibilidad de tiempo. Yo tenía miedo que mi abuela notase las setas, pero la tarde previa a la reunión, decidió arrancárselas, darse un baño y vestirse de mentiroso. El timbre sonó y corrí a abrir para ver a Fidel antes que mi abuela. La vieja se me adelantó y cuando había ya bajado las escaleras, los vi saludándose efusivos.
⸺Este pueblo es un pañuelo, esto es increible⸺repetía mi abuela parada junto a la puerta.
Al notar mi presencia se llevó las manos a la cabeza y exclamó emocionada.
⸺Mirá las cosas alejito, que vaina, este profesor tuyo es nada más y nada menos que el hijo de Leonor. Como Está de cambiado.
Traté de forzar una sonrisa, la abuela, invitó a Fidel a la mesa y sirvió la cena de ipso facto, Carne en salsa de champiñones.
⸺¿Y entonces Fidel, has estado trabajando con mi muchacho?
⸺Así es doña Sara. Su nieto es un pelado brillante, con gran talento para la ciencia.
⸺¿Alejandro? Ay Dios lo oiga. Hace dos meses está viviendo conmigo. Dejó la universidad y mi hijo lo sacó de la casa.
⸺La universidad no es una fuente única de conocimiento. Hoy en día es posible aprender por medió de la red. ⸺En cuanto dijo la red, me atraganté con uno de los champiñones.
⸺El internet y esas cosas, yo ando aprendiendo a manejar ese verraco guasá ¿Entonces han estado ocupados estos días?
⸺Si señora, estoy realizando un importante experimento. Conocí a su nieto dando un paseo por el potrero y con la primera charla supe que sería un ideal asistente.
Fidel se expresaba de mí como nadie nunca lo había hecho. Tal vez la mitad fuese mentira, pero a mí no me importaba. Yo solo quería conocer más de la gran red.
⸺No sabe cuánto me alegra escuchar eso, yo si le dije a mi hijo: “Freddy, a vos pareciera que se te hubiera olvidado la lora que diste, algún día Alejandro se va a enderezar.”
⸺Solo le digo la verdad. Es un muchacho dedicado. De hecho, está noche íbamos a analizar unas muestras del el ultimo cultivo ¿habrá algún problema?
⸺Ni más faltaba⸺respondió la abuela afanada⸺, vaya más bien a cambiarse de ropa Alejandro, parece un hippie, así no se visten los científicos.
No le comenté a Fidel nada sobre la cena. De alguna manera, había logrado engatusar a mi abuela ¿Cómo eso que se conocían de antes? Fidel había mencionado en una ocasión que había sido profesor de la universidad nacional, pero no me pasó por la cabeza que en Palmira había una sede. Esa noche, al arribar a la casa, Fidel, me ofreció pastas con champiñones, dijo que debía comer bien, porque sería una noche especial.
⸺¿No dijiste que íbamos a analizar unas muestras?
⸺Mentí. Hoy pelado, es el día te tu primer simbionte.
Asentí seguro, como si en realidad supiera lo que estaba a punto de suceder, lo que estaba a punto de cambiar. Como si mi nivel intelectual me diese para entender, la nueva relación que estaba a punto de surgir. Fidel, me llevó a la habitación que usábamos para criar nuevas especies. Me pidió que me sentara en una silla de madera roída y buscó durante unos segundos, diversos artefactos en un armario sin puertas.
⸺Mixomicetos, Stemonaria rufipes, para ser específicos. Sé que no te gusta la apariencia estética de las setas. Así que he escogido un hongo de apariencia mohosa y antes de que te pongás, debo notificarte, que este hongo es una de mis modificaciones. Tiene la capacidad de moverse, si, cambiar de lugar. Así que puedes ocultarlo con facilidad. No voy a obligarte, claro está. Es una decisión, permanecer abstraído o acceder a la red.
⸺Acceder a la red⸺declaré de inmediato.
Era una decisión que había tomado de antemano. Sabía que la única forma de ver las cosas como el maestro las veía, era imitando sus hábitos, compartiendo mi cuerpo, alimentando a mis huéspedes. Fidel se acercó a mí con una pequeña caja de Petri. Me hizo extender el brazo y sobre el antebrazo con sumo cuidado vertió el contenido del recipiente. No sentí nada.
⸺Ahora solo falta el acelerador. No es por nada pelado, pero esta es la vaina que diferencia mi trabajo del de cualquier otro Micólogo. Esta parte puede doler un poco, el hongo va crecer de golpe.
Antes de que tuviese tiempo para responder. Fidel, con un gotero aplico varias onzas de la mezcla sobre mi brazo. Sentí como mil agujas se clavaban en mi piel, para después recorrer el interior de mi brazo, moviendo a su paso tejido el tejido muscular. Puedo asegurar, que sentí como la raíz se extendía por mis venas. Alimentándose de mí sangre. Siguiendo la corriente hasta extender su maraña a mi materia gris.
⸺¡Siento que me quema el cuerpo!
⸺Tenés fuerte, pelado. El huésped se encargará de anestesiar tu dolor.
Y así fue, pude sentir la secreción en mi interior, un poderoso anestésico. El dolor se disipó y estaba mi mente lúcida y calma. Fidel, me miraba con orgullo. El Mixomiceto, se movía por mi brazo, extendiéndose y contrayéndose. Cambiando de color, era hermoso, hermoso e intimidante. Tardé un par de semanas en acostumbrarme por completo a la presencia del simbionte. Aprendí a conectarme a la gran red por microsegundos, comprendiendo conceptos impensables, como lo que sentía un árbol al mudar las hojas o el primer vuelo de un halcón. Todo organismo vivo que tuviese contacto con algún hongo, estaba a mi alcance y control. Nuestros estudios marchaban de maravilla. Estaba aprendiendo el oficio del maestro con rapidez y efectividad. Tanto, que decidió el viejo que era tiempo para ejecutar la siguiente fase de su plan. Me pidió que lo enterrase, que lo enterrase en un ataúd de tierra, que le sembrara más de doscientas especies sobre su cuerpo, que no necesitaría comer con tal cantidad de hongos. Compré el ataúd, lo llevé a la casa del maestro en un pequeño carro de acarreos. Casi que no cabe por la estrecha puerta. Sé que debí haber ignorado sus peticiones. Que la segunda fase de su plan era demasiado drástica. Pero se me había contagiado aquella curiosidad científica, aquel deseo de experimentar y aprender del proceso. Yo lo dejé bien enterrado, con la nariz y boca sobresaliendo de la tierra. Enterré hongos en cada parte de su cuerpo, sobresalían de la tierra y el ataúd, parecía un pequeño jardín gótico, adornado por hermosas setas variopintas. Por eso me molesté al ver a los enfermeros sacarlo de la casa. Sin ningún escrúpulo, dañaron mi ardua labor y el sacrificio del maestro. Sé que él conocía los riesgos de su majestuosa empresa. Por eso en pocas horas, cuando el manto de la noche suavice mis huellas. Buscare en uno de sus libros de Dolstoievisky, las instrucciones para continuar con la investigación. La abuela me ha preguntado sin cesar la razón de la hospitalización del maestro. No encuentro que responderle, además de la verdad: “Los hombre como el, al admirar la belleza de las flores, reniegan de su condición de jardinero e intentan por cualquier medio volverse jardín”.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.