domingo, julio 5 2026

Mi nombre es Lara.- Capítulo 18 por Emecé Condado

Martes, 29 de julio

Hoy he llegado a casa con esa mezcla mía de cansancio físico, agotamiento emocional y ganas profundas de fingir que el mundo no existe. He sobrevivido a la oficina con Lucía en modo inquisidora, observando todos y cada uno de mis movimientos, y con Sebas en modo holograma. Ahora estoy hecha un puré tibio sin forma.

Tiro el bolso al suelo, cierro la puerta con el pie y me voy directa a la ducha. Agua caliente, ojos cerrados; intento decirme “Lara, no pienses”, pero pienso, porque soy especialista en pensar justo cuando no debo.

Salgo con el pelo mojado pegado a la espalda, me pongo el pijama y me dejo caer sobre el sofá. Enciendo Netflix, pero no miro la pantalla; solo necesito ruido de fondo para que mi cabeza se pare un rato.

En ese momento el portátil hace ding y casi me da un ataque. ¡Qué susto! Respiro hondo. Hay un correo. Miro la pantalla.

De: Jean A. Durakovic.

Asunto: borrador.

Abro el correo. Está vacío. No hay cuerpo del mensaje, ni una sola línea, ni un “mira esto”, ni un “qué opinas”. Solo un archivo adjunto: Capítulo 14 – versión 3.docx.

Lo abro. Empieza suave, y enseguida reconozco la escritura de Simón. A los pocos párrafos noto cómo se me encoge la tráquea. La terraza. La botella de vino, la luz, la frase de Jean en francés que fingí entender, mi risa nerviosa, el roce que sé perfectamente de quién vino, mi respiración descrita como si él hubiera tenido la oreja pegada a mi pecho…

Simón no solo describe lo que vio aquella noche; describe lo que yo sentí, me interpreta, me traduce en tiempo real a literatura mientras yo ardía en el fuego de ambos. Cierro el portátil de golpe; me asusta hasta el sonido. Me quedo con la respiración cortada. Y ahí lo veo todo, por fin: nada fue casual. Ni él, ni la azotea, ni la terraza, ni las miradas, ni la tensión que nos envolvía a los tres. Ni la cena con Nora. Yo era materia prima. Carne narrativa.

¿Por qué Jean me manda esto? ¿Por qué quiere que lo sepa?

Entonces suena el timbre. Me quedo quieta. ¿Quién puede ser?

—¿Sí?

—Lara —dice Nora al otro lado de la puerta—, tenemos que hablar. Es importante.

Muy importante.

No me lo pienso y la hago pasar.

Continuara…

@Emecé Condado.


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