domingo, septiembre 20 2026

Voces.- Cuando el silencio se convierte en frontera por Lia NCL

Hay una forma de violencia que rara vez reconocemos como tal: el silencio que imponemos a quienes se salen del molde. No siempre son golpes, ni gritos, ni insultos abiertos; a veces basta con apartar la mirada, ignorar una necesidad o decidir —consciente o inconscientemente— que ciertas voces valen menos que otras.

A lo largo de la historia, lo distinto ha provocado incomodidad. Erving Goffman, en su obra Stigma (1963)  explicaba cómo las sociedades crean categorías de “normalidad” y “desviación”. Esa clasificación no describe a la persona, sino que la atraviesa, condicionando cómo los demás la perciben y cómo ella misma aprende a verse.

Y es que a veces la diferencia se vuelve motivo de silencio, ocurre que las personas con creencias religiosas minoritarias, quienes conviven con una enfermedad crónica, o quienes tienen una forma distinta de procesar el mundo —como ocurre en el autismo— suelen encontrarse con un muro invisible: la expectativa de que se adapten sin ruido, sin pedir espacio, sin exigir comprensión.

Esto no es algo que pueda medirse con exactitud en todos los contextos, pero sí es observable en patrones sociales descritos por disciplinas como la psicología social y la antropología. En muchos ambientes, la diferencia se tolera solo si no incomoda.

El caso del autismo es un ejemplo claro. Muchas personas autistas expresan, en testimonios públicos y asociaciones reconocidas mundialmente (como Autistic Self Advocacy Network, ASAN), que lo más doloroso no es ser diferentes, sino que esa diferencia se interprete como un error que debe corregirse. Eso deriva en silencios impuestos: no hagas eso, no digas aquello, compórtate como todos.

La lógica que fluye es la del «mejor callar».- ¿Por qué silenciamos lo distinto? Varios estudios de psicología social como los de Henri Tajfel sobre identidad social en los años 70,  indican que las personas tienden a favorecer lo familiar porque eso reduce la sensación de amenaza. La diferencia, entonces, se vuelve un recordatorio incómodo de que existen otras formas de vivir que cuestionan la nuestra.

Este mecanismo no siempre es consciente. A veces creemos que “proteger” a alguien es decirle que hable menos, que se oculte, que no muestre lo que siente. Otras veces lo justificamos con frases como “es por su bien”. Pero lo que realmente hacemos es despojar a esa persona del derecho más básico: ser escuchada en sus propios términos.

Cuando una comunidad invalida constantemente una forma de ser, la persona aprende a hablar bajito. Aprende a vigilar cada gesto. Aprende a existir en alerta. Este efecto está documentado en estudios sobre estrés minoritario —como los trabajos de Ilan Meyer (1995–2003, ampliamente citados en psicología clínica)— que describen el daño psicológico que produce vivir en un entorno donde la identidad se cuestiona de forma constante.

El antídoto no es la tolerancia silenciosa —que a menudo es solo otra forma de distancia— sino la escucha activa: permitir que cada persona nombre su propia historia, sin corregirla para que encaje en la nuestra. Significa aceptar que alguien pueda vivir una religión diferente, experimentar una enfermedad de manera única, o ver e interpretar el mundo desde una neurodiversidad como el autismo, sin que eso requiera justificar o suavizar nada.

Reconocer la diferencia no es un acto de caridad: es reconocer la humanidad del otro sin condiciones.

Quizás el impulso de callar a quien es distinto nace del miedo a ser, algún día, nosotros quienes ocupemos ese lugar. Pero si algo muestran todas las fuentes citadas —desde la sociología de Goffman hasta los modelos de identidad de Tajfel y los estudios de Meyer— es que una sociedad más justa no es aquella donde todos son iguales, sino aquella donde nadie tiene que apagar su voz para ser aceptado.

@Lia NCL

@Imagen Pinterest


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo