A tiempo parcial por Manu

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Recuerdo de forma lejana cuando era pequeño, y mi padre se tuvo que preparar una oposición en tiempo récord porque su empresa quebró y tenía que sacar adelante a la familia. Lo hizo de tal forma que tengo grabado el recuerdo de mi padre estudiando todo el día, preparando sus temas, porque entonces no se compraban por ahí. Poco después pudo compatibilizarlo con otro trabajo que le salió como profesor en la universidad, pero sacó su plaza como lo ha hecho todo siempre: con esfuerzo, y con brillantez.

El caso es que recuerdo preguntarle por las cosas que comentaba al comer, y él hablaba de funcionarios de dedicación exclusiva y otros. Me explicaba que la dedicación exclusiva implicaba disponibilidad, y que las tardes también tenía que acudir, mientras que otros podían emplear parte de su jornada en acudir a otras partes o hacer otras cosas.

Ese concepto, el de disponibilidad, también lo he pensado a menudo cuando dialogo con amigos no creyentes sobre el celibato (que no castidad) de los frailes. Un fraile amigo mío que en paz descanse me decía que para él era una opción indispensable, y que aunque el Papa lo pudiera permitir para él no cambiaba nada. Que él entendía que lo que tenía que hacer era a tiempo completo, y que cuando repartes prioridades nada es prioritario, y todo se atropella.

Así que hoy me vienen ambas ideas: disponibilidad y tiempo completo. Quizás cambiaría tiempo completo por vida completa, por atención, por sentir que tienes el foco donde lo tienes y nada, aunque te demande atención, distrae tu rumbo y tu orden de las cosas.

Quizás me ha venido todo esto a la cabeza porque hay personas que me hacen sentir lo contrario. Dice un refrán que “el que parte y reparte se lleva la mejor parte”, y eso siento a veces. Lo que siento es que cuando hablo con algunas personas ellos son los que parten y reparten. Se llevan lo mejor de mí, pero… ¿me llevo lo mejor de ellos?

Y mi sensación es la contraria. Que son migajas, y que alguien aparenta estar hablando contigo mientras a la vez mantiene varias conversaciones. Esto, antes, era impensable. En un cara a cara eso no sucede (o no debería), pero en el mundo de la tecnología, cuando esa “charla” es mediante mensajes, uno está escribiéndote a ti y a medio mundo a la vez. Su dedicación es a tiempo parcial, y uno, que ya pinta canas, acaba notando que tu interlocutor está a otra cosa.

No sé a los demás, pero a mí eso me hace sentir pena, y se me quitan las ganas de seguir hablando. Es como cuando estás explicando algo o comentando una idea y alguien te interrumpe sin más para meter su cuña, o sin dejarte acabar. Decía que en un cara a cara eso no es posible (el prestar atención a otras cosas), pero me engaño. Ya lo creo que se puede.

Hay personas especialistas en mostrar atención mientras su mente divaga. O se ponen a mirar mesas cercanas, o por la venta. Su mirada no está en ti. No la de sus ojos, sino la mirada de toda su persona. Te están compartiendo con otras cosas que les distraen. Eso en el mundo de colegio está a la orden del día, y ahora se disfraza de diagnósticos (no siempre acertados) de TDA, o de TDA-H si encima no paran quietos. Y creo que me estoy topando últimamente con mucho adulto TDA y TDAH. O simplemente con personas que no me prestan la atención que dicen prestarme.

Alguno creo que lo lleva en la sangre, pero a mí la sangre me hierve cuando sabes que mientras te hablan te comparten. Que mientras aparentan atención total se dedican a comentar cualquier frivolidad con el primero de turno. Luego creen que pueden regresar, pero yo no soy ya el mismo. Si no detecto esa disponibilidad, si no veo que esos cinco minutos dedicados no son para mí sino que se van intercalando conversaciones como hacen las CPUs de los ordenadores para atender a millones de instrucciones, yo desconecto.

No creo en vidas compartimentadas. No creo en vidas compartidas. Creo que es un TODO. Que hay actividades que demandan tu atención, pero entonces comunicas bien al otro cómo necesitas un momento en vez de hacerle creer que tiene toda tu atención.

Reconozco que ya no me valen las personas que me venden dedicación exclusiva pero me dan migajas a tiempo parcial. Ya no me ocupo de quitar esas máscaras. Lo dejo estar, aunque luego reciba calificativos de frío. De mi padre aprendí lo que implica esforzarse por lo que te importa, incluso sacrificarte. Y lo que es la responsabilidad innata de una dedicación exclusiva, en cuerpo y alma, por aquello en lo que crees. Otro fraile me dijo una vez que en esta vida no se podía ser tibio, que había que ser frío o calor, pero no navegar con calma chica, no a medias tintas.

Y no voy a ser ya tibio. Frio cuando toca, y ardiente cuando toca. A cada uno según su disponibilidad, dedicación y sentimientos. Cabeza fría y corazón caliente, y desde luego siempre, siempre, tendrás mi dedicación exclusiva cuando quieras calentar conmigo cuerpo y alma con un café caliente delante como única barrera entre dos miradas. ¿Café?☕

☕Manu sin más☕  


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