Nÿn aspiró el perfume de una flor.
La flor reconoció el perfume de la muchacha.
La tierra besó los tobillos de Nÿn.
Los besos miraron hacia arriba.
Las bragas pintadas de seda se ruborizaron.
Nÿn dio un paso atrás.
La distancia dejó escapar el cuerpo, las formas.
Otras flores crecieron sin necesidad de lluvia.
El juguete se estremeció cuando el dragón que llevaba cien años dormido despertó y sobrevoló un cielo donde, en vez de nubes, había algodón y más allá, con su pijama rosa y el pelo recogido en dos trenzas, una niña que observaba ensimismada.
*
No importa, el tiempo pasó y las esperanzas se pudrieron.
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