Elijo creer
en la única deidad
que cruza nuestros caminos.
Que conspira con el universo
para que uno de los mayores regalos
sea aceptarte tal y cual eres.
Elijo creer
aunque mi fe
no tenga valor alguno para nadie
ni precio.
¿Vivir sin vivir en mí?
¿Estar más allá de mí misma?
Elijo creer
porque este sentimiento
es, existe e implosiona,
abarca la Vía Láctea
y aún permanece dentro de mí.
Elijo creer
porque el amor trasciende,
abre el futuro, no el porvenir*
y apunta a los más vacíos abismos.
Una nada absoluta
que roza el infierno
y nos acerca
al propio cielo.
*María Zambrano y el amor, ensayo.
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