domingo, julio 5 2026

La culpa fue del café por María Teresa Fandiño

Me encontré de lleno con mis recuerdos de antaño, hechizos que en noches largas de asueto me habían conducido al éxtasis; momentos inolvidables que habían sido destrozados vilmente por el mismo mago que los ideó y convirtió mis noches en sombra oscura.

Un café me ayudó a olvidar y otro café y otro y un lápiz con el que dibujaba mis rimas en una hoja de cuaderno; me resultó difícil escribir sobre el papel la forma en la que se había desarrollado todo; ni en verso ni en prosa lo conseguí.

También olvidé que padezco de insomnio.

Necesitaba al menos un cuarto de hora para poder centrarme en la escritura o, con un poco de
suerte, poder dormirme. Un partido de tenis me ayudó, al principio seguí el partido porque me
pareció interesante, pero después comencé a observar al público que seguía aquella pelota
con la vista que, de raqueta a raqueta, se mantenía en el aire. Todos giraban sus caras al
unísono de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, pin, pon, pin, pon… Parecían zombis.

¡Como si a la mañana siguiente no tuviera nada que hacer y me pudiera permitir el lujo de observar una pelota y dejar que las horas transcurrieran lentamente!

Cambié de canal y vi un par de películas de amor; lloré, lloré y escribí de nuevo, mi cabeza se caía literalmente sobre mi cuaderno. ¡Qué susto llevé, me estaba durmiendo y sonó el móvil!

Telefoneé a mi trabajo.

Una voz de mando, muy potente, respondía al otro lado de la línea.

—Hoy no puedo ir —susurré sin demasiada seguridad.

—¿Otra vez insomnio?

—No, hoy me duele una muela —estaba segura de que esta vez me despediría.

—Tómate algo para el dolor y aparece, si no vienes buscaré otra persona para tu sitio.

«¡Maldito café!».

Me metí en la ducha y en un intento desesperado de despertarme del todo abrí el agua fría, creí morir en el intento. Ahora sí, realmente yo era la zombi.

Otro café, esta vez más cargado, me ayudó a entrar en calor y me dio fuerzas para meterme, como pude, dentro de en un vestido rojo muy ceñido; me maquillé «El maquillaje lo tapa todo, incluso parece que dormiste; mírate qué guapa estás».

Como ejecutiva agresiva salí de mi casa a punto de ahogarse mi cintura, intentaba caminar por
las calles con mi gabardina de color beige, mis gafas de sol y mis tacones rojos ladeándose.

En realidad apenas llovía, sólo caían cuatro gotas.

—Buenos días —había conseguido llegar a tiempo.

—¿Habéis visto lo de Alcaraz?

—Todo un triunfo, segundo título de la temporada.

—El veintiséis de su carrera; es murciano —comenté después de haberlo visto esa misma noche grabado con antelación gracias a mi estupendo televisor, como si todo en mi vida fuera normal.

«Bendito trabajo, ¿qué haría yo sin ti? Tal vez esta noche tenga suerte y consiga dormir».

©María Teresa Fandiño Pérez.
La Coruña, España.


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