Un montón de fracasos…
o quizás, un montón de intentos. Aún no lo sé.
No recuerdo el instante exacto en que el camino se torció.
No hubo un ruido seco ni una señal clara,
solo un desvío silencioso que, sin darme cuenta, me fue alejando.
Pero no me quedé inmóvil.
No fui espectador de mi propia vida.
Caminé, caí, dudé… y aun así, seguí.
Tal vez me equivoqué más de lo que esperaba.
Tal vez confundí rutas, señales, destinos.
Pero cada paso, incluso el más torpe, fue mío.
Y aunque ahora todo parezca incierto,
hay algo que todavía sé con certeza:
la historia no ha terminado.
Albacete, 20 de marzo 2026
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com)
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