Día 167
En algún momento de nuestra «evolución», por utilizar una palabra popular para describir la historia de la humanidad, dejamos de escuchar a la naturaleza. De ser parte de un todo, nos alejamos y nos aislamos, y hoy cunde la creencia generalizada de que la naturaleza, o el planeta en que vivimos, son entes independientes con los que coexistimos, pero que poco tienen que ver con nosotros. Hay quienes llegan a considerarlos nuestros enemigos, pues se les asignan recursos y esfuerzos que, a criterio de esos necios, en nada nos benefician. Cuando salí de casa para ir a lo de Puri el sol me cegó, y apenas comencé a caminar el viento me dio una bofetada, pero yo seguí adelante. Mis sombras también intentaron detenerme. Me seguían de mala gana, agarradas a mis talones, tirando de mis tobillos como grillos invisibles que demoraban mi andar. Cuando giré sobre mí misma para volver a casa a coger la bufanda, las vi adelantándose a mis pasos, solícitas, guiándome hacia puerto seguro. Pero ciega y sorda a su mensaje, lo desestimé y seguí mi marcha…
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