miércoles, junio 24 2026

Cambié las reglas del juego by Teresa Esteban

Hace unas semanas, cuando di enviar al mensaje en el que me comprometí a escribir este texto, el arrepentimiento llegó a mi corazón casi instantáneamente. No dejaba de preguntarme ¿Qué hice? ¿De qué rayos voy a hablar? No soy experta en este tema. De hecho, ni siquiera me considero una gran aficionada. Aunque cuando se trata del Barcelona o de la selección mexicana todo cambia.

Al inicio pensé en hablar de la relación entre el futbol y el trabajo en equipo; del liderazgo que se requiere para poner cada talento al servicio de un conjunto; de Messi que para mí es un gran referente tanto futbolística como humanamente; de Cristiano y la meritocrática justicia de que pueda alzar la copa del mundo; de la hospitalidad tan esencial en mi país; de Irán y su complicada participación; del papel neutral de los árbitros y sus errores inevitables; de Shakira y su indirecta en el video del tema oficial; de la afición japonesa y su sentido de responsabilidad social y las ideas seguían llegando y llegando sin parar. Temas había de sobra. Sin embargo, me costaba decidir.

En semanas pasé del qué rayos tengo que decir sobre el tema, a podría escribir todo un libro sobre futbol, porque el futbol y todo lo relacionado con el Mundial son temas profundamente humanos y emocionales, que justamente son los temas que más me apasionan al escribir.

Aunado a esto esta el hecho de que soy una apasionada de las analogías y las metáforas. Así que era una oportunidad de oro. Todo estaba dado para crear algo potente, algo que llegara a las personas y que despertara en ellas mi objetivo de publicar mis escritos: llevarlas a la reflexión, a cuestionarse, a tratar de ver las cosas desde otra perspectiva. Era un sueño hecho realidad.

Pero esta vez decidí hacer algo diferente. Algo fuera de la caja como siempre han sido mis escritos. No hablar del futbol ni de todo lo que hay alrededor y mejor cambiar las reglas del juego. Y escribir sobre la decisión de dejar de pasar una oportunidad única, en la que todo esta a favor, no por miedo a no tener que decir; no porque el síndrome del impostor ganara la batalla, sino porque las victorias “fáciles” me saben a poco.

Porque, al final el futbol me regaló una lección mucho más valiosa que cualquiera de las que pensaba escribir sobre él. Me recordó que no todas las oportunidades merecen ser aprovechadas solo porque están frente a nosotros. Que no todo partido debe jugarse. Que no toda pelota que llega a nuestros pies exige un disparo al arco.

Vivimos en una época que celebra la productividad de decir sí a todo: sí al proyecto, sí al viaje, sí a la invitación, sí al escenario perfecto. Como si la plenitud consistiera solo en acumular experiencias y no en elegir con cuidado cuáles valen nuestra energía, nuestro tiempo y nuestra atención.

Por eso decidí que en esta ocasión debía dejar pasar esta oportunidad. No porque me faltaran ideas, sino porque me sobraban. No porque el tema no me importara, sino porque me importaba lo suficiente como para reconocer que podía escribir sobre él y aun así elegir no hacerlo.

Quizá crecer también consiste en eso. En entender que la libertad no se demuestra aprovechando cada oportunidad que aparece, sino teniendo la serenidad de renunciar incluso a las más atractivas cuando nuestro corazón apunta hacia otro lugar. Y si algo he aprendido en estos días de Mundial es que no solo se necesita valentía para entrar a la cancha. También se necesita para quedarse en la banca cuando todos esperan que juegues. Porque también desde la banca, se puede ganar.

Ciudad de México, 23 de junio de 2026.


  • Teresa Esteban es escritora (terestber@gmail.com).

 


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