¡ Al fin, Tánger !
Manuel Moreno, el patrón del Marcela llevaría a Salomé hasta el mismo puerto de Tánger, la esperaría si fuera menester hasta que ella estuviera segura y también la defendería de cualquier agresor sin detenerse ante nadie. Era un hombre de mar, rudo, pero con un corazón que lo le cabía en el cuerpo.
Todas las estrellas lucían en el cielo cuándo el Marcela atracó en el puerto de Tánger. Dada la oscuridad, Salomé decidió pisar tierra firme con la claridad del día aconsejada por Manuel y por toda la tripulación del pesquero. Era muy peligroso adentrarse por las calles de la ciudad por la noche.
Para una mujer sola también existía el peligro a pleno día pero ella no tenía miedo, le daba fuerzas y valor la búsqueda de su amado Óscar Damark. Una luminosidad misteriosa envolvía el puerto aquella noche, unos cuantos faroles de aceite de luz amarillenta creaban sombras fantasmagóricas
mezcladas con las propias de los barcos sobre el mar.
Salomé estaba emocionada y le fue imposible pegar ojo pensando en su próximo y feliz encuentro, aunque por dentro también sentía cierta congoja recordando la dificultad a la que se encontraba. Podía ser que todos sus planes se truncaran ya que por culpa de Orlando Jiménez no tenía el dinero suficiente para el pago del rescate.
Debía encontrar su Fiat a toda costa, era la única manera que tenía de lograr esa cantidad. Al despuntar el alba Salomé saltó a tierra después de despedirse de aquella buena gente. Deseaba encontrar lo antes posible el hotel que mencionaba Alí Mossel en su carta. Así irían los dos en busca de Óscar. Se sentó por unos minutos mirando al mar con el semblante lleno de emoción. Aunque hacia ya mucho tiempo desde que recibiera las noticias de Alí, confiaba en no llegar tarde. La entristecía también el haber perdido por el camino todas sus pertenencias y la mayor parte de su fortuna incluido su automóvil. Durante buena parte de la mañana se dedicó a pasear por las calles con tranquilidad, pero fijando su mirada en cada edificio que mostrarse la más mínima apariencia de disponer de alojamiento, en cada hotel, en todos los letreros, en cualquier rincón podía encontrar las pistas necesarias. La imaginación la llevaba a un hotel de gran lujo lleno de fuentes, patios y cortinajes de terciopelo, espejos y lámparas de oro, allí veía a su contacto vestido con prendas de cuidada hechura. Sus deseos de abrazarlo veían también a Óscar llegando con la mirada llena de felicidad al verla y desde luego con buena y cuidada presencia¿ Sería sólo cosa de su mente?…
A media tarde se adentró entre las callejuelas más estrechas y las casas más viejas, en alguna parte tenía que estar. Según comenzó a anochecer la temperatura descendió bruscamente. Con unas monedas compró unas viandas que la mantuvieran en pié, al menos hasta encontrar el hotel. Apoyada en el alféizar de una ventana a poca altura de la calle, dio cuenta de ellas. De pronto, del portal que había en ese mismo edificio salió un joven de aspecto europeo con una maleta de cuero. Salomé le preguntó por señas si era un hotel, este miró hacia arriba y le señaló la parte alta de aquella edificación aparentemente ruinosa. Su semblante pareció lucir más que aquel sol vespertino al leer el texto pintado con letras rojas y negras sobre la pared en chaflán: “ Hotel Salim”. No era un sueño, estaba comiendo apoyada en uno de las paredes del hotel que tanto había buscado. No era cómo lo había imaginado pero allí estaba. Una especie de oscuro túnel la adentraba en aquel establecimiento al que con muchas pretensiones alguien le puso la categoría de hotel. El largo y estrecho pasillo
desembocaba en un patio en cuyo centro había una desconchada fuente de la que debía de hacer anos que no manaba ni una gota de agua. Las arañas habían tomado al establecimiento “ hotelero” como su mirada habitual. Por todos los rincones se veían sus telas, algunas de ellas claramente abandonadas y llenas de polvo. El recepcionista, un hombre de aspecto descuidado la acompañó a la habitación, la 002 con los números escritos con pintura verde sobre la misma puerta de madera que en su día fuera de color blanco. Una estrecha cama de hierros no muy oxidados esperaban su sueño.
Cayó Salomé rendida sobre el viejo colchón al tiempo que el hombre sin mediar una sola palabra cerró la puerta de golpe. Una mesita de noche y una silla de metal irreconocible eran los únicos muebles, sobre ella un recipiente con agua. La última luz del ocaso atravesó a duras penas el cristal polvoriento de la única ventana para reflejarse en el minúsculo espejo clavado en la pared. Deseaba encontrase con Alí Mossel pero sus fuerzas no la acompañaban y se quedó pronto dormida. A la mañana siguiente Salomé fué al encuentro del recepcionista. Para no perder tiempo en traducciones e interpretaciones fácilmente erróneas le enseñó la carta donde estaba escrito el nombre de Alí Mossel. En ese momento el hombre se volvió más comunicativo, incluso le dio a entender que era amigo suyo y le ofreció un desayuno completo en una estancia que hacía las veces de comedor. También se prestó para ayudarla a encontrarlo, sin embargo cuando esté escuchó el nombre de Óscar Damark volvió a cambiar, su semblante se hizo sombrío y de nuevo esquivó..
Salomé se dió cuenta de estos cambios repentinos y se preguntó qué secreto guardaba este hombre de de chilaba negra y pelo color ceniza..
¿ Tendría algo que ver con la desaparición de Óscar?…
Continuará….
@Carlos Cubeiro
@Imagen Pinterest
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