Archipielago

SIN CORAZÓN – by Quirico Molina

Les robaba sus sueños y  esperanzas de futuro, a cambio les ofrecía promesas que no pensaba cumplir. Les pedía grandes sumas de  dinero prestado para una emergencia, no podían negarse, era tan encantador y sincero. Cuando reclamaban el importe prestado «Mañana sin falta ¿Cómo has podido dudar de mí?»  les decía, con una expresión dolida en el rostro y de esta manera les rompía las piernas de la dignidad, dejándolas paralizadas y cargadas de remordimientos por haber dudado de él.

Pero no solo era un chulo mentiroso y lleno de ambición sino que también amaba causar daño de forma deliberada y disfrutaba con ello, era maligno: «Esto te va a doler. Has tenido mucha suerte conmigo, nadie  en su sano juicio se hubiese fijado en ti con tus tonterías, aunque si  al menos fueras buena en la cama podrías dedicarte al porno».

Destrozó innumerables vidas que nunca se recuperaron de las heridas; envueltas en una mortaja antes de tiempo, deambulando por las grises nieblas de la tristeza o atrapadas en los gélidos abrazos de la depresión y el suicidio.

Y entonces llegó ella. Ocurrió lo que tenía que acontecer, había despedazado tantos corazones que finalmente le tocó una mujer que no tenía.

Percibía algo familiar en ella. Sí, era aquel aroma de Chanel nº 5 pero no podía recordar. Era su primera cita, «ya habrá tiempo» pensó,  y bebió del vaso que ella le ofrecía.

Despertó, sentía frío…La vio inclinada sobre su cuerpo con una bata blanca manchada de sangre y entonces recordó a la médico forense. Sintió un dolor atroz en el vientre, no podía gritar ni moverse. Ella se incorporó y dijo a los estudiantes que la rodeaban ―mientras mostraba un trozo de carne oscura en una mano y en la otra sostenía un bisturí―: «Esto es la vesícula biliar, luego proseguiremos con el hígado. Gracias a la donación de este cuerpo tendremos toda la semana para estudiarlo, y como dijo Jack el Destripador, iremos por partes. Posteriormente continuaremos con los órganos sexuales, aunque son diminutos y no podría haberse dedicado al porno (rieron todos) ¿alguna voluntaria?»

Y siguió explicando:

«Respecto a los ojos abiertos y esas lágrimas que dan la sensación de que están vivos, es un reflejo del sistema nervioso central, es algo habitual. Aunque si os da impresión verlos los taparemos».

Toma una toallita y se acerca a su rostro. Lo mira a los ojos y sonríe grotescamente. Sin compasión alguna le dice en voz baja: «Esto te va a doler».

La oleada de Chanel llega intensa, y él sabe que es el último olor que percibirá.

Ella le cubre la cara.

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