sábado, julio 4 2026

EL CASCARRABIAS by David Santaolalla

Para mi cuarto relato propongo éste recién sacado del horno. Es mi último relato, del último mes de septiembre, es corto y espero que no sea autobiográfico…

Al señor que vivía en el piso de abajo le llamábamos “el Cascarrabias”. Porque siempre nos regañaba y estaba de mal humor. Cuando teníamos que salir a la calle, y bajar por las escaleras, siempre teníamos miedo de encontrarnos en el rellano con el Cascarrabias.

  • ¡Niños! Hay que bajar despacio por las escaleras -nos espetaba- Y en silencio, que molestáis a todos los vecinos. ¿Qué pasa, que no os han enseñado modales?

O cuando volvíamos del colegio:

  • El felpudo del portal está para limpiarse los pies. Que luego llenáis de barro todas las escaleras. ¿O es que vais a venir vosotros a limpiarlas con la fregona?

No le hacíamos ni caso, pero siempre evitábamos cruzarnos con él. El pesado del Cascarrabias. Además tenía un perro, pequeño y rechoncho. Y que caminaba muy despacio, como su dueño. Pero nunca ladraba. Aunque teníamos miedo de que el Cascarrabias nos lo embriscase para que nos mordiera. También por eso procurábamos no coincidir. A veces abríamos despacio la puerta de casa, en silencio, para verificar que no había Cascarrabias en la costa, antes de atrevernos a bajar las escaleras hasta la calle.

Hasta en la calle le oíamos discutir con los vecinos de política y de otras cosas. Y poner verde al alcalde y al gobierno. Y a todo bicho viviente si le daban oportunidad. Pero yo creo que todo el barrio ya le conocía y procuraban pasar de largo cuando le veían pasear con su perro por la acera.

Años más tarde nos mudamos de casa y no volvimos a saber nada del Cascarrabias. Si había cambiado de carácter o se había muerto quejándose de todo y regañando a todo el mundo a su alrededor.

Hace más de diez años que me quedé solo. Vivo solo en este pequeño apartamento que se me hace cada día más grande y deprimente. En este barrio tranquilo y aburrido. Mi única rutina es sacar a pasear a Trosky dos veces al día. Y aguantar a los hijos del vecino, esos energúmenos, dando voces por las escaleras. Más de una vez les he tenido que llamar la atención. La culpa es de los padres, que no les han sabido o no les han querido enseñar educación. Pero qué vamos a esperar en este país de maleducados, egoístas y encima con estos políticos ineptos que tenemos. ¡Una vergüenza! Sí, señor. ¡Una vergüenza!


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo