Recuerdo tener un hogar,
ni ostentoso ni
manantial de riquezas,
donde a la sombra de una parra
bordaba sin descanso.
Débiles e infantiles sueños
con agujas de oro y dedales de plata negra,
entrelazaba, con mis dedos,
ramas de olivo, pétalos de amapola,
olores de acacias en flor o zarcillos de viña nueva.
Llegó el hacha y cortó la parra,
me quedé sin sombra,
mis bordados se volvieron añejos.
Ahora camino sin mirar atrás.
El agua nunca remonta
el cauce de los ríos.
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