domingo, julio 5 2026

Bares: El Turkys by j re crivello

El Milano estaba, como me había dicho Anna, en el 1900 de North Sycamores. Ocupaba casi toda la manzana. Me estacioné al lado mismo del ornamental patio exterior y fui derecho al letrero de neón azul pálido que marcaba la entrada del garaje, sito en el sótanos. (Raymond Chandler Viento rojo pág. 90)

Los bares son golpes en el alma. Uno les visita durante años y algunos tienen en su haber, pasar a la parte de nuestros recuerdos. He visitado muchos. En cada uno de ellos he intentado atesorar esas miradas del viajero, y guardar personajes que luego aparecen entre mezclados.

Ahora visito el Turkys, al final de la Rambla, sobre el lado derecho si uno baja hasta el mar, que está a km y medio. Siempre poblado de gente quienes reúnen sus charlas y siempre está lleno. Cuesta descubrir la mesa vacía y esquivar el sol. Su dueño sabe de memoria lo que beben susclientes. Entre el bar y el final de la rambla hay un semicírculo de final de plaza y aparece la iglesia. Casi siempre cerrada. Se entra por un lateral.

Anoche soñé con un ex ministro de Economía que me daba clases de historia y el examen lo ponía para el día siguiente.

Pregunté a la I. Artificial y su respuesta fue: Soñar con primer ministro en funciones simboliza su deseo de ser más estable en la vida. Tal vez tenga dificultades para ser asertivo o para controlar sus emociones. También podría tener problemas para mantener sus relaciones.

Con lo cual, la respuesta no fue de mi agrado. Parecía que la I. A. se entrometía en mi vida. O el sueño elaboraba con detalle un acertijo difícil de resolver. Regrese mentalmente hacia él. Pude confirmar lo que a veces he sentido, un gran deseo de ser ministro. Por ello, pude sentarme una hora después en el Turkys y al  mirar a sus gentes y sus conversaciones referidas a sus vidas, o al día a día no pude menos que sonreír ante la vida de un ministro: continuamente sometido al escrutinio público, a dar respuestas, a someterse a un stress que solo su perfil es capaz de sostener.

Mire mis bolsillos, no podía pedir otro café, pero el móvil me despachaba likes y lecturas. Nada más opuesto que la vida real y sus costes y la vida digital y su paraíso gratis.

Pagué y me marché.


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