(Microrelato, 94 palabras)
Por la tarde fui a nadar. A lo lejos dos sombrillas proyectaban sombras huidizas. Miré la bandera teñida de rojo bailando al son de un fuerte viento de poniente. Me gritaba que me alejara; no hice caso, yo había venido a luchar. Las olas rompían enfurecidas en la orilla. Mi corazón brincaba por un terror fundado, pero era ahora o nunca. El mar me dio paso para librar una batalla desigual. Forcejeamos, era su fuerza atávica contra mis dotes de nadador experimentado. Me libré de sus garras y besé la arena. Otro reto superado.
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