domingo, julio 5 2026

FE DE ERRATAS BY DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ

Siempre era el primero en llegar a la redacción y el último en marcharse. Un jefe modélico de cara a la galería; de puertas para adentro, un negrero sin conciencia. Nos manejaba como a peones, esclavos de usar y tirar. Preparamos la base crujiente machacando las galletas hasta reducirlas a migas. Derretimos la mantequilla en un cazo grande, agregamos las galletas trituradas y la ralladura de limón. Vertemos la mezcla de manera uniforme sobre la base de un molde y presionamos de firme con el dorso de una cuchara, imaginando que los golpes se los lleva él en lugar de nosotros. Para el resto de la tarta, mezclamos yemas de huevo con azúcar y batimos hasta que blanquee, montamos las claras y las añadimos, también la nata líquida con el queso crema. Y que no se nos olvide el ingrediente secreto, claro. Rellenamos con la masa la base de galletas y horneamos a 170º durante 50 minutos. Transcurrido el tiempo, apagamos el fuego y dejamos que la tarta se enfríe, dentro del horno primero y después en la nevera.

Su talón de Aquiles: la gula. Los dulces le entusiasmaban, de ahí su gordura, aquella obesidad mórbida, resultado de engullir durante años plantillas enteras de trabajadores. Fue fácil entrar a su despacho la mañana de su sexagésimo quinto cumpleaños, el día que se jubilaba y nos ponía a todos de patitas en la calle, y dejar sobre la mesa la tarta de queso. Sabíamos que no nos esperaría. Mejor para todos, porque el ingrediente secreto era una dosis de matarratas capaz de tumbar a un elefante.

Se la zampó entera.


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