viernes, julio 3 2026

Un mar para Julia por Pilar García Torres

Había una vez una niña que quería conocer el mar, sus amigas las que lo conocían le hablaban muy bien de esa cantidad enorme de agua que no tenía fin. En ella vivían sirenas que muy pocas personas veían, pero muchas escuchaban cantar y Julia, que así se llamaba la niña, quería escucharlas y cantar con ellas.

Un día le preguntó a su madre dónde estaba el mar, la mamá con tristeza le dijo, muy lejos hija mía
–¿Cuánto de lejos? – preguntó Julia

-Tanto que tardaríamos muchos días en llegar Julia se alejó de su madre pensando cómo hacer para ir a verlo y se le ocurrió una idea. Saldría a los caminos y preguntaría a las personas que iban de un lado a otro con sus coches y así lo hizo. Fue a la carretera que pasaba por mitad del pueblo y
paró al primer coche que vio.

-Pare señora por favor- la señora sorprendida bajó la ventanilla y le preguntó – ¿Qué haces niña? No ves que esto es muy peligroso, te puede atropellar un coche, o peor llevarte lejos.

La niña respondió

– Claro si es eso lo que quiero, que alguien me lleve a ver el mar, mi mamá me ha dicho que está lejísimos.

– Sí cariño está muy lejos- la mujer enternecida por la inocencia de la niña, aparcó, bajó del coche y se sentó con la niña en un banco del parque.

– ¿El mar es muy grande? -preguntó Julia

-Es enorme cariño, tan grande que no puedes ver su final, muy azul, tanto que a veces se confunde con el cielo.

Julia abrió unos ojos muy grandes y azules, en su imaginación ya veía ese mar que tanto ansiaba.

-Y ¿Hay sirenas que cantan muy bien? Mis amigas dicen que sí, pero que no se ven, sólo se oyen.

La mujer no paraba de sorprenderse con esa preciosa niña que tantas ganas tenía de vivir experiencias nuevas. No había revelado a nadie que era una bruja buena, vamos lo que comúnmente llamamos hadas y se le ocurrió que a lo mejor esa niña estaba en su camino para que ella le ayudara a conseguir su sueño.

– Sí, ¿Cómo te llamas?

– Julia- respondió la niña

– Sí, Julia, hay sirenas, tritones, ondinas, peces y muchos animales preciosos

– ¿Me puedes llevar a verlos?

– Mira, vamos a hacer una cosa, me llevarás a tu casa y hablaremos con tu madre, a ver qué podemos hacer.

– Se fueron de la mano camino a casa de Julia, donde su mamá estaba entretenida colgando al sol la ropa que había lavado, al verlas aparecer de la mano, la madre se asustó y salió corriendo.

-Julia qué te ha pasado, por qué vienes de la mano de una desconocida, sabes que eso nunca se debe hacer.

-Mamá esta señora es buena, que lo sé yo, quiere hablar contigo

-Perdone señora imagino que es la madre de Julia, no quería asustarla, tiene usted toda la razón, Julia no debía haberse venido conmigo, Julia no debes irte con personas que no conoce tu mamá, perdóneme por favor.

Virginia que así se llamaba la madre de Julia, se dirigió a la señora con mucha educación

-Lo siento, pero entenderá que me asuste ver a mi niña con una desconocida.

-Lo entiendo perfectamente y creo que cuando le cuente cómo nos hemos conocido, se va a enfadar aún más con la niña, le pido por favor que no lo haga.

La señora del coche que se llamaba María, le contó cómo se habían conocido mientras que la madre de Julia le echaba miradas que conocía bien de cuando hacía travesuras.

-La niña me ha contado que quiere ver el mar y yo le propongo que vengan las dos conmigo para enseñárselo, soy el hada del mar Mediterráneo, María para los humanos y podemos ir y volver en poco tiempo, Julia verá el mar y usted también.

Virginia se quedó pensando, le daba un poco de miedo, pero tampoco tendría otra oportunidad de cumplir un sueño de su hija y el suyo desde que era niña.

Hacía un sol espléndido, no había ni una nube, con una brisa suave que presagiaba unos días de verano estupendos, la madre entonces dijo:

-Pero yo tengo trabajo aquí, tengo que cuidar de los animales, la huerta, no me puedo marchar, así como así.

-No se preocupe de nada, como le he dicho soy un hada y dejaremos todo arreglado para que se haga el trabajo pendiente, además no tardaremos.

Julia no sabía si saltar, reír, dar palmas y se abrazó a las piernas de su madre-

-Porfa, porfa, mamá, di que sí, di que sí.

María miró a la madre que riendo, asintió con la cabeza y se metió en la casa corriendo a preparar una bolsa con lo más imprescindible. Una vez juntas las tres el hada sacó una escoba supersónica muy brillante y las invitó a subir en ella al tiempo que dijo:

– Ahora cuando yo diga “Perlimplin, Perlimplon, a la mar te llevo yo”, os abrazáis a mí las dos y no tengáis miedo que vamos a volar.

Qué bonito era todo desde el cielo, verde, rojo, amarillo y de repente un terreno inmenso azul estaba debajo de ellas, María les dijo que eso era el mar y que iban a introducirse en él, Virginia y Julia no salían de su asombro, y avisaron de que no sabían nadar.

-En el mundo de las hadas, eso nunca es problema, en el de los humanos sí, hay que tener cuidado, es como si estuviéramos soñando.

Se sumergieron en el mar y allí estaba esperando una maravillosa ciudad, cuyos habitantes eran hermosos y de muchos colores, todos saludaban a María con simpatía y ella iba presentando a Julia y Virginia a todos sus amigos, las agasajaron con una comida a base de algas muy nutritiva, cuando de repente se oyeron a lo lejos unas maravillosas voces y ante ellas aparecieron cien sirenas de colores cantando, riendo, y nadando.

Fue un día mágico en el que Julia y su madre vivieron una aventura sin igual, pero se hizo de noche y tenían que volver a casa, María sacó la escoba supersónica y las invitó a subirse en ella al tiempo que entre risas cantó:

-Perlimplin Perlimplon a la casa os llevo yo Así volvieron alegres y con la satisfacción de haber cumplido un sueño, Julia rendida ya, se metió en la cama mientras Virginia y María le cantaban una canción de sirenas, se fue durmiendo al ritmo de sus voces, entonces María le dijo al oído:

-Recuerda que los sueños se cumplen si los llamas y trabajas para ello, si me necesitas sólo tienes que decir Perlimplin, Perlimplon a María llamo yo.

El hada se despidió de Virginia que no podía salir del encantamiento, todas las faenas pendientes estaban hechas, abrazó a María y le dio las gracias por ese maravilloso día, ésta la abrazó y le dijo:

– Para Julia esto habrá sido un sueño, procure que lo sea también para usted y cuando despierten piensen que a veces los sueños se cumplen, luche por ellos.

Y así fue como Julia conoció el mar y sus profundidades en un sueño maravilloso que le proporcionó el hada María, de quién hablaría continuamente a sus amigas del cole y de cómo había volado en una escoba supersónica, desarrolló su fantasía escribiendo cuentos que le permitieron un día llevar a Virginia al mar, montar en un barco y verse con María alguna que otra vez.

@Pilar García Torres

@Imagen Pinterest


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