Si hemos de hablar de un individuo mediocre, hablaremos de Patrick. Mediocre en el sentido de que no destacaba en nada, que pasaba desapercibido en cualquier lugar y cualquier época del año. Dilapidó dos años y los ahorros de sus padres en una ciudad universitaria en la que estuvo matriculado pero no acudió a clase. Pasó más tiempo en los garitos y tugurios, bebiendo y fumando hierba, que en el recinto del campus. Transcurrido ese lapso, volvió a su ciudad natal por el bien de la economía familiar. Intentó ganarse unos cuartos de oficinista en los negocios de los amigos de su padre… y fracasó estrepitosamente. Debido a su falta de compromiso, a sus pintas descuidadas y al bajo rendimiento. Él, donde se encontraba en su salsa era en los garitos y tugurios, bebiendo y fumando hierba.
Pasaba el tiempo y Patrick no lograba levantar cabeza. Por fin logró emplearse de camarero en uno de los locales que más asiduamente frecuentaba. En un horario nocturno que le cuadraba perfectamente. Los días pasaban plácidamente entre el catre y la barra, poniendo música heavy y cubatas. Hasta que llegó el día.
A su abuelo le diagnosticaron demencia y le ingresaron en una residencia de ancianos. Su padre, justo el año que se jubilaba, le entró un cáncer que se lo llevó entre horribles sufrimientos. La vida no tiene sentido. Bebamos y fumemos que mañana moriremos. Yo no quiero acabar así.
Una de las madrugadas que volvía zombi del bar a su casa, se encontró saliendo de un oscuro callejón a un extraño personaje. Un individuo alto y delgado, con un impecable traje azul y un bigotillo a lo Dalí.
—Hoy has tenido suerte, muchacho. —Le dijo el hombre con una voz solemne — Dime lo que más quieres y se hará realidad. El primer deseo es gratis. Pero si te apetece tenemos planes a medida con una asequible cuota mensual y un plan anual mucho más económico a largo plazo. Pero dime, dime qué es eso que anhelas, eso que es lo que más necesitas.
— ¿Lo que más quiero? ¿Después del “Made in Japan” de Deep Purple? Lo que más quiero… mmm (sollozos). ¡Yo lo que no quiero es hacerme viejo! ¡No quiero sufrir la vejez como mi padre y mi abuelo!
— ¡Concedido! Pero que sepas que eso tiene un coste. —gritó alegre el del bigotillo desapareciendo entre la niebla del callejón.
A la mañana siguiente Patrick se despertó tumbado vestido en su maloliente cama. No recordaba muy bien cómo había llegado y su cabeza estaba a punto de estallar. A pesar de ello se lió un cigarrillo y se fue renqueante al baño.
Han pasado veinte años y Patrick sigue poniendo copas y pinchando a Metallica y Guns N’ Roses en la oscuridad de un bareto marginal. Los parroquianos, que podrían ser sus hijos, no llevan el pelo tan largo como él, aunque comparten el mismo tipo de camisetas negras con los nombres de sus grupos favoritos. Patrick ya no aguanta tantos litros de alcohol pero mantiene el ritmo de la hierba y lo complementa con algunas pastillas. Su anciana madre le sigue a duras penas preparando la comida y lavando la ropa. Y le desliza parte de su menguada pensión, un par de billetes, en el desayuno de los domingos.
Una de esas noches, después de apagar las luces del local y cerrar la trapa con el candado, cuando se tambaleaba por las oscuras calles de camino a casa, se resbaló en el bordillo y cayó de bruces en medio de un charco, perdiendo el conocimiento. Le despertó el repiqueteo de unos zapatos de charol sobre los adoquines húmedos. Miró hacia arriba para ver una cara sonriente con un cigarrillo en la boca y un inconfundible bigotillo a lo Dalí.
— ¿Qué tal, querido amigo? He venido a cobrar nuestra deuda. ¿Te acuerdas?
— Mmm ¿Quée? ¿Qué deuda? — balbuceó dubitativo Patrick
— ¿No te acuerdas? Pediste la eterna juventud a cambio de tu alma. Y yo ahora vengo a cobrarme tu alma. Je, je.
— ¿La eterna juventud? Pero si tengo cincuenta y tantos, me duelen todos los huesos, veo fatal, me tiembla el pulso y se me olvidan las cosas. ¿Qué juventud es esa?
—Lo que quieras, pero sigues viviendo como un adolescente: en casa de tu madre, todo el día en el bar y sin ninguna responsabilidad a tus espaldas. Justo lo que querías. Y te dije que eso tenía un coste. ¿Tampoco te acuerdas de eso? ¡Venga! Dame tu alma y acabemos de una vez, que tengo cosas que hacer. Salvo que te apuntes al plan mensual que, precisamente ahora tenemos una oferta: tres meses gratis por cada amiguete que nos traigas. La oferta finaliza precisamente hoy.
A la mañana siguiente Patrick se despertó desnudo sobre la colcha de su cama. No recordaba cómo había llegado y lo poco que recordaba no sabía si lo había soñado o era realidad. Se lió un cigarrillo y se fue renqueante al baño. No cabía la menor duda, ya no había vuelta atrás. Había desperdiciado una vida y ya no le quedaban más. Por primera vez se planteaba lo que podría haber sido y qué iba a hacer a partir de ahora. Su madre llegó, arrastrando los pies, a hacerle la cama y ordenarle la habitación.
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