Amaneces tímidamente, entre nubes de algodón.
Las palomas te acompañan con su vuelo, y las golondrinas te regalan su trino como despertador.
Unos adormilados, y otros recibiendo el frescor de la brisa, se encaminan al trabajo en busca de su trozo de pan como cada día.
Es un miércoles cualquiera, un día en el calendario de la vida, vestido y perfumado con esencias de primavera, parece que no, pero anima a afrontar todo con mejor humor.
Las calles esperan el recorrer de los niños al colegio, el del abuelo a su paseo mañanero, el del gato o el perro con su olfato alerta, por si cazan en un salto a algún despistado gorrión.
Los amaneceres en mi pueblo es lo que tienen: calma, aire puro, una ir y venir sin estrés, poder andar sin el agobio de la aglomeración de una ciudad o capital.
Pero sobre todo, que cuando alguien visita Alcuéscar, se le acoge como uno más con las puertas abiertas del corazón.
@Fabiola Rubio Gil.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.