viernes, junio 26 2026

PLANETA SUELO by David Santaolalla

A mis nietos les encanta cuando les cuento batallitas de mis tiempos jóvenes. Y a mí también. Las historias que más les gustan son de cuando me dedicaba a explorar el espacio en aquellas naves espaciales de antaño.

«Aquella vez descubrimos un bonito planeta lleno de vegetación y de agua. Nos acercamos a estudiarlo de cerca porque nos llamó la atención, y descubrimos que albergaba una raza inteligente. Una civilización en vías de desarrollo. Los habitantes todavía no le habían puesto al planeta un nombre decente. Simplemente lo llamaban “Tierra”, que en todas las lenguas del planeta significaba “Suelo”. El suelo que pisaban. Una forma un poco simple de denominar a su biosistema.

Resultó que las civilizaciones de ese planeta estaban bastante avanzadas en tecnología. Ya habían salido tímidamente al espacio. El problema es que estaban muy retrasados a nivel moral y social. Como si estuvieran sin civilizar del todo, usaban la violencia para resolver todos y cada uno de sus problemas, grandes y pequeños. Trataban a los animales como si fueran objetos y a sus congéneres como si fueran animales. Les encantaba matar a sus vecinos y destruir sus asentamientos. Y encima, consideraban a la guerra como un arte.

    —Abuelito, ¿qué es la guerra?

    —¡Buena pregunta! La guerra es cuando mucha gente se organiza en grupos para ir a matar a sus vecinos. Vecinos que, a su vez, se unen para matar a los primeros. Es típico de las sociedades primitivas, que siguen conservando rasgos animales, y todavía no han descubierto que la única forma de solventar diferencias es mediante el diálogo y la negociación.

    —¿Entonces los habitantes de ese planeta eran primitivos?

    —En ese sentido, sí. Aunque ellos creían que no, debido principalmente a que disponían de una tecnología suficientemente sofisticada. Tecnología que usaban más para crear armas para matar a sus semejantes, que para hacerles la vida más fácil y placentera.

Lo que más les divertía era ridiculizar a sus congéneres según sus características diferenciales. Les gustaba dividirse en grupos supuestamente diferentes y elitistas. Y tratar de aniquilar al contrario como si no fuese de la misma especie. Como si fuese un animal o un objeto inanimado y por lo tanto sin valor alguno.

Tan obsesionados estaban con la violencia que cuando pensaban en civilizaciones exteriores, extraterrestres, las imaginaban sangrientas como ellos. Y tenían miedo de que un día una de esas civilizaciones llegara y tratara de esclavizarlos o masacrarlos. Lógicamente, nosotros no hicimos nada de eso.

    —¿Y qué fue de los habitantes de ese planeta, Abu?

    —Pues, realmente no lo sé. Después de aquello yo dejé ese trabajo y me dediqué a la enseñanza. Lo más normal es que, con el tiempo, hayan evolucionado positivamente y abandonado la violencia. Eso, si no se han aniquilado ya los unos a los otros.»


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