Madrugar empieza a convertirse en un arte…
No es solo abrir los ojos antes que el sol,
es ganarle al mundo unos minutos de silencio,
es caminar por una casa que aún respira despacio,
es escuchar cómo el día se estira sin prisa.
A las siete, la luz todavía es promesa.
A las diez, ya es ruido.
No es lo mismo comenzar cuando el cielo apenas despierta
que cuando el reloj ya ha dictado su sentencia.
A las siete, el tiempo parece tuyo.
A las diez, parece que tú le perteneces.
Madrugar duele un poco,
como duelen las decisiones importantes.
Pero también tiene algo de rito secreto,
de pacto íntimo con uno mismo:
“Hoy empiezo antes. Hoy me elijo primero.”
Tal vez no sea solo cuestión de horas,
sino de intención.
Porque madrugar no es levantarse temprano,
es adelantarse a la propia inercia.
Y eso, aunque cueste…
tiene algo profundamente poético.
Albacete, 22 de febrero 2026
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com)
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