Durante un encuentro de jóvenes escritores, me topé con David Uclés. Él era un prometedor escritor; yo había conseguido un contrato por horas de camarero. Aquel día debía servir el vino especial para escritores jóvenes, es decir el de tetrabrick de Don Simón. Tras la ceremonia, David Uclés apareció a reclamar una copa. Aproveché la solemnidad del cartón y le pedí consejo. Él, con su gracejo característico, me miró a los ojos y dijo cálidamente:
―Moja aceite en el pan y tendrás pan con aceite.
No lo entendí. Más tarde volvió, con la copa marcada por huellas dactilares y marcas de pintalabios. Insistí. Sonrió con paciencia de maestro y añadió:
―Añade ajo al pan y tendrás pan de ajo.
Yo asentí, como quien oye un aforismo y no quiere quedar de tonto. Al rato regresó por tercera vez y sin que yo dijera nada, remató:
—Échale tomate al pan y tendrás pan con tomate.
No lo entendí por entonces, pero supongo que el tiempo le ha dado la razón.
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