Entones erizó la piel de sus costuras,
el vaivén de sus pestañas eclipsó al olvido
y sus auroras.
La lluvia mojó sus cicatrices,
llenándolas de suave petricor.
La vida se le hizo tan somera
que pudo alzar el vuelo hacia la Arcadia,
sin necesidad de viento ni motor.
Sus ojos,
la redondez de su figura,
su mente, sí, su mente,
fueron impulso y fuego.
Avivaron el deseo de tocar aquella piel,
de sentir aquellos labios
para acabar arrebatadoramente locos,
acurrucados en un sofá del salón.
Sin tiempo
@Pilar García Torres poema
@Imagen Pinterest
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