Invité a un escritor insigne y laureado. Me dijeron que no tenía hambre jamás. Que se alimentaba de yogurt con miel, besos con frutas y algunas flores de lluvia, pero preparé, por si acaso, una tarta sencilla de chocolate. Se presentaba así, diciendo que era frugal en sus comidas, ligero y etéreo como una pompa de jabón, con más espíritu que presencia, y más literatura que física. La verdad es yo no diría que comiera poco.
Con los postres, mi tarta simple, me pidió un carajillo de Baylis, y unos aromas de lujuria, en dosis homeopáticas. Ante conceptos tan vagos le eché un poco de más de licor en el café. Con los efluvios espirituosos su mirada de tenor venido a menos, se transformó en miradita de toro en celo. Con los destilados pude comprobar que sus musas revoloteaban en pos de altos designios de locura poetizada, menos castas que las que ahora puedo nombrar. La verdad es que, si bien parecía inofensivo en estado de normalidad, se le nublaba la carne cuando destilaba sus poemas, persiguiéndome por el salón. Con vergüenza ajena y ganas de echarle, le pude mantener quieto, más o menos en un rincón, entre un ficus y la tele.
Fuera de sí, de no, de este y de oeste, y hasta fuera de aquel eje en el horizonte que se llamaba Estambul, no cejaba en intentar tocarme. Porque con versos hechos de cantos de sirenas, se le llenaba la boca de agua, de burbujas y de chocolate de mi tarta. Al final de los finales, era un bluf de poeta que sonaba a globo desinflado cuando el alcohol le desataba la lengua y los instintos. Le había invitado para hablar de mi novela, y había cocinado, raro en mí, un postre y todo, pero cuando le escuché roncar en la siesta, me dije que el insigne literato, era un hombre con más brillo que sustancia, y ya pude seguir escribiendo mi nueva novela, con el ruidito rítmico de su digestión. Le eché una mantilla por encima, no se resfriases el premiado escritor.
Por la noche, la tarta de chocolate, con un café con leche, me serviría de cena, más que sobradamente. Él, imaginé, cenaría con alguna escritora joven abriéndose camino hacia la fama de las letras por pagar.
@Maripau González Bodeguero
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