Entretejidas estaban las ramas
de ese árbol seco
dónde cada noche, ella,
se posaba.
En la laxitud de ese tiempo
de oscuridad latente,
imprimandose en ella la soledad perpetua
que rondaba su espacio temporal,
allá donde se ubica la noche creciente.
Esa sombra que cruza tu espacio
mientras aletean los murcielagos
poseuendo-te.
Entre las sombras de la noche
se encontraban las tinieblas
que acosaban sus sueños.
Fantasmas
que en su mente
solo vivían
le provocaron
el paro el latido
que bombeaba la vida.
Era ella,
y su crueldad sin sentido.
Escrito postpublicación Poemario Lilith.- Silencios del reino de la noche.-
@María José Luque Fernández
@Imagen de Pinterest
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