Ella era la tormenta que arrasaba con todo a su paso; él, la llovizna que limpiaba el alma y se llevaba el dolor. Ella, la que incendiaba sonrisas y derrotaba corazones; él hilvanaba con filamentos de su alma los sentimientos rotos. Ella, incapaz de amar, y él… no concebía hacer nada sin amor. Y por eso se complementaban, haciéndose necesarios el uno para el otro. O eso pensaba él. Haciendo malabarismos en la cuerda floja, en un delicado equilibrio entre el sentir y la razón, a un suspiro del abismo, a un paso del error. Temor y amor, dolor y suerte…
Ambos permanecían aparentemente tumbados. Levitaban, en realidad, sobre las aguas del océano, a escasos centímetros de su superficie, en absoluta quietud tras haber compartido sus cuerpos en mitad de la tormenta, suspendidos varios metros sobre las aguas; entre las nubes densas y grises y el fragor de los truenos. Cada descarga eléctrica provocada por ella, era un estallido que resquebrajaba el cielo y resonaba con furia. Se alzaba como soberbia protagonista del encuentro casi apocalíptico entre los dos seres ultra terrenales. La corriente lumínica atravesaba sus cuerpos entrelazados, haciéndolos resplandecer durante unos instantes. Él convulsionaba; tensados los músculos de su
cuerpo que arqueaban forzosamente su espalda, pero seguía apretándola contra su torso desnudo, sin querer dejarla marchar. Ella provocaba la combustión que engullía sus siluetas en crepitantes llamas y él invocaba la lluvia que caía sobre sus rostros mientras se sostenían la mirada; él, con profunda ternura, ella, con lujuria profana. Culminaban así hasta quedar exhaustos, el silencio sustituyendo el rugido de sus gargantas; la quietud les sostenía en vilo descansando sobre el azul sereno, sus figuras reflejadas en las aguas cristalinas.
—Quiero que te quedes conmigo. Para siempre. —Exigió Aisha incorporándose.
Avanzó hacia la orilla flotando sobre las agua, sin mirar atrás; tenía la certeza de que él la seguiría. Cuando sus pies descalzos se posaron sobre la fina arena, se estremeció. Le desagradaba la sensación del tacto arenoso y frío en su piel, pero tanta fogosidad la había dejado demasiado exhausta como para seguir sirviéndose de sus alas.
—Está bien, si es lo que quieres —Contestó resignado.
—Sabes que solo hay una forma. Lo entiendes, ¿verdad? No puedo hacerlo sin tu consentimiento, mi querido Sael —Levantó una ceja, inquisitiva, esperando ver su reacción, escrutando en su rostro cualquier indicio de duda. No lo hubo. A Sael ya no le importaba. Se acercó a ella, decidido, y la estrechó entre sus brazos. Apoyó la cabeza en su hombro, aspirando el perfume salvaje que desprendía la piel de su marmóreo, pero delicado cuello y cerró los ojos. Aisha le devolvió el gesto rodeándole con sus brazos. A la altura de los omoplatos detuvo sus manos; sus ya de por sí afiladas uñas crecieron hasta hundirse en su piel. Cerró los dedos en torno al nacimiento de las alas y las
desgajó de la blanca carne sin un atisbo de piedad. Él la abrazó con fuerza, ahogando un grito de dolor, pero ella apenas le dio tiempo de reponerse; le empujó al instante, apartándolo de sí y le observó con curiosidad, con la cabeza ladeada y el ceño fruncido en un gesto de malicia infantiloide; como observa la mosca sin alas el niño que acaba de desprenderlas de su pequeño abdomen.
Inocente crueldad.
Sael miró al cielo. Entre las nubes se apreciaba un cuerpo incandescente como el de Aisha, con las alas de un plumaje negro rojizo y la piel marmórea. En su extraño rostro contrastaban los rasgos masculinos marcados y una mirada intensa y llameante, con una dulcificada sonrisa que podría haber eclipsado la de los mismísimos serafines.
Entonces comprendió. Justo cuando las lágrimas comenzaban a desbordarse, su luz se apagó. Quedó vacío… carente de cualquier sentimiento o emoción.
—Vaya, hermanita, parece que este tampoco se va a quedar a tu lado. —El otro ser alado levitaba sobre ellos. Sonería burlón.
—Es una pena. Sael me gustaba de verdad. Pensé que con él sería distinto — La indiferencia revestía sus palabras con una fría amargura.
—En fin, míralo por el lado positivo: tienes dos alas más para tu colección.
¿Cuántas suman ya? Tendré que espabilar si no quiero que me superes.
Las dos criaturas se alejaron, elevándose entre las nubes, totalmente ajenas al marginado ser. Sael se dejó caer de rodillas en la arena, experimentando aquel vacío inquietante como un abismo desolador.
Sondeaba en su interior intentando encontrar vestigio alguno de sentimiento; algo, en su alma —¿aún tenía alma? —que desencadenara un ápice de emoción. Fuera la que fuera. Y lo encontró: donde morara su luz, una diminuta llama oscura había sustituido el cálido candor, las lenguas de sombra
crecían con cada recuerdo de Aisha entre sus brazos. El fulgor negro ardía en sus entrañas al recordar su sonrisa burlona, la facilidad con que le había despojado de todo; la indiferencia con que se alejó, como si él no fuera nada; como si no fuera nadie. El odio se extendió; su sombra líquida tiñó de brea su roja sangre y en su espalda lacerada, de las llagas supurantes de negro lodo, florecieron dos inmensas alas negras que desplegó y sacudió, percibiendo en ellas un nuevo y vibrante poder. Levantó la mirada al cielo y susurró, ya no plegaria sino mandato, y de éste descendió con furia un rayo que iluminó el horizonte. Alzó la vista hacia las nubes, densas y grises, y estas vomitaron lluvia ácida sobre el vasto océano. Miró la inmensa masa de agua, conjuró apenas dos palabras y su superficie estalló en llamas. Malévola su sonrisa y en sus ojos un brillo endiablado; la ternura con que fue creado era ahora un vago recuerdo de alguien que no era él, de un ser que no era nadie.
En realidad, Sael sí era distinto, pero no como cabría esperar; no como Aisha le había concebido. No tenía la más remota idea de cuál era la esencia del ser que acababa de engendrar, pero pronto lo descubriría…
@Laura Redondo
@Imagen Pinterest
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.