Hace unos días fui a cenar con una buena amiga. Compartimos parte de nuestros problemas y preocupaciones. Mientras ella me contaba sobre algunas decisiones importantes que está tomando, no pude evitar sentirme reflejada en ella. Su vida es completamente distinta a la mía, pero creo que tenemos las mismas inquietudes. De hecho, ambas reconocimos que ¨la crisis de los cuarenta¨ tiene muchas complicaciones, porque a esta edad tienes la madurez de ver y entender el mundo de una forma mucho más completa que cuando estás en los veinte. Me acordé de mi mamá y su reiterativa frase: Si tuviera tu edad y mi experiencia… Creo que ahora la comprendo mucho mejor. La edad te da una visión de las cosas mucho más amplia. Ya no crees en los cuentos de hadas, dragones y princesas encantadas, ni en caballeros que vienen a trasformar tu destino.
A esta edad, uno descubre que el destino en parte está en nuestras manos. Que los errores son inevitables y que siempre hay que volver a levantarse cueste lo que cueste. A esta edad ya sabes quiénes son tus verdaderos amigos que están contigo en las buenas y en las malas y estarán sin importar todas las tonterías que hagas, porque te quieren por lo que eres con defectos y virtudes. A esta edad, ya sabes que la única responsable de tu felicidad eres tú misma. Que no porque una persona esté o deje de estar a tu lado tu salud mental debería verse afectada. A esta edad uno descubre que lo más importante es hacer su propio camino.
Sí, las recetas mágicas para la felicidad no existen. Cada vida es diferente, cada ser humano es distinto y hay tantos caminos como seres humanos en el universo. Sí, las recetas mágicas que se venden en los libros no siempre traen el mismo resultado para todas las personas, porque cada una es única e irrepetible. Qué razón aquella frase de que nadie escarmienta en cabeza ajena.
El estar en los cuarenta es una hermosa oportunidad de reinventarse. De tomar decisiones con valentía y no dejar la responsabilidad de tu felicidad a nadie. Porque al final toda crisis es una oportunidad para redirigir el barco, para cambiar lo que no te gusta y reforzar lo que te llena de alegría. No importa si eres creyente o no, todos venimos a este mundo a ser felices. A buscar nuestra felicidad donde quiera que esté, pero esa Felicidad con mayúscula que no depende de un momento efímero de placer, pero que tampoco está exenta de momentos de oscuridad, porque para valorar la luz es necesario conocer la penumbra. Ojalá hubiera una receta mágica para la Felicidad… Esperen creo que sí la hay, la receta es simplemente… vivir.
Ciudad de México, 8 de febrero 2024
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* Teresa Esteban es escritora (terestber@gmail.com).
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