Mamá se me apareció en el sueño de repente pero no era la misma, no al menos la que yo conocía porque en el sueño ella tenía 15 años y su belleza le explotaba por todos lados y yo en en cambio tenía la edad de ella cuando falleció, uno 55 años para ser exactos. Las historias estaban invertidas pero yo sabía en el sueño que 18 años después sería ella la que me invitase a subir a este viaje llamado vida.
Yo lucia algo calvo y gordo, con las sienes plateadas por el tiempo y el mundo, lento y algo perdido por la amnesia del olvido. Ella estaba delgada ,dueña de una belleza insolente como mis tíos me habían confesado ya que era la mayor de 6 hermanos a los que arriaba y cuidaba con la misma pasión.
Su documento aseguraba que se llamaba Carmen pero para todos en el pueblo era » la rubia Carmela, la hija mayor de Don Antonio «,y puedo verla ahora adiestrando a su inseparable caballo » el rubio «,para que se arrastre por debajo del alambrado y escapar al pueblo al galope. Todo sucede tal cual ella me lo contó en aquellas lejanas noches lluviosas donde me confesaba sus tropelías. En el sueño ella ignoraba que este viejo gordo iba a ser su primer hijo tan deseado.
Le dije que no lo haga más, que el caballo se podía lastimar y morir de tétanos por la infección de los alambres oxidados, pero el » rubio se acostó mansamente en el suelo y se arrastraba debajo de las púas tal cuál Mamá se lo indicaba en un extraño idioma que solo ellos comprendían y el » rubio «
pasaba y se incorporaba relinchando de felicidad, entonces Mamá se acercaba con las manos repletas de terrones de azúcar como premio.
Yo era una especie de capataz de campo, era el experimentado que le daba consejos y ella la joven rebelde y soñadora. Tenia temor que el sueño se termine y no poder verla más pero el sueño siguió y ahora la descubro infraganti empujando el Ford negro bajo la lluvia de éste Domingo gris .Y veo los pequeños paraguas de mis tíos en perfecta fila india subiendo al Ford en marcha que sonaba como un temblor mecánico impaciente que esperaba por mí con Mamá al volante.
» Vamos Don Jesús !!!! Don Antonio no se va a enterar !!!
Mi abuelo Antonio, el papá de todos ellos, dormía la siesta y nada sospechaba. Tenía que evitar el escape para no perder el empleo y que a Mamá y mis tíos nada les ocurra. Pero Mamá se bajó del Ford con decisión, con la personalidad y el valor que siempre tuvo y mirándome fijamente como una orden silenciosa, me lo dijo claramente.
» No le diga nada a Papá Don Jesús , solo vamos al cine…»
No sé si era yo o Don Jesús, o si era Mamá o la » rubia Carmela » pero en el sueño en blanco y negro nos abrazamos bajó la lluvia como tantas veces lo hicimos en la vida real, como si ella tuviera la premonición de que la eternidad nos juntaría para siempre a través de la sangre.
No pude hacer nada y los dejé ir bajo la felicidad del recuerdo del cine, con sus pantalones cortos y sus boinas, con sus risas de ladrones de caramelos y el sueño se hace de colores y estoy desayunando con Mamá que me calienta unas tostadas mientras afuera la lluvia sigue antes de la escuela.
Ahora la alegría me despierta en el medio de la noche y el silencio soberano se quiebra y el sueño muere, solo quedan algunos ruidos perdidos de manojos de llaves y ventanas generosas de recuerdos que hablan solos a través de la casa desordenada y esta lluvia infinita que nunca muere.
@Jesús María Cello.
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