No se quieren manchar las manos,
entonces pintan con masa, agua y sal.
Esta es mi casa —les recuerdo— y me urge dormir.
Otra vez, y cada vez, la noche con su rebozo
se cubre el rostro y me arrastra hasta la calle de abajo.
No puedo creer que sea tu miedo el que se graba,
y el mío el que se pierde en el romero del jardín.
Dicen que las hojas ya no dicen mi nombre,
que se olvidaron de mi nacimiento. En fin,
hablemos
ciegamente de esos muertos y de la lluvia
que se esconde entre los sofás
y el cambio extraviado de los bolsillos.
Dicen que nunca nadie supo que venías,
o que yo iba.
Saben tus pestañas a miel y pan.
Anda, deja que devore el campo de tu cuello antes del otoño,
porque yo sí me atrevo —hasta escribo monólogos
desde mis otros seres—, pero eso tú lo sabes.
También sabes que los guardo en tinajas de plástico,
en el patio.
Solo que no todos escriben,
porque algunos pintan.
A propósito,
¿no sabes en dónde quedó la sal de tus costillas?
@Guadalupe Cisneros Villa
@Imagen Pinterest
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